Washington D.C. — En un giro diplomático que redefine la injerencia extranjera como 'oferta de amistad', el expresidente Donald Trump ha detallado su visión para Venezuela: convertirla en el estado número 51 de Estados Unidos. La condición es simple: los venezolanos deben primero votar a su favor, garantizando así un 'periodo de transición ordenado y, sobre todo, conveniente'.

Fuentes cercanas a la campaña confirmaron que la idea surgió durante una sesión de *brainstorming* sobre cómo 'optimizar el mapa electoral'. “Es una sinergia perfecta”, explicó un asesor anónimo, “ellos quieren libertad, nosotros queremos… bueno, saben lo que queremos. Es un ganar-ganar si se mira con los ojos correctos”.

La estrategia, bautizada extraoficialmente como 'Proyecto Florida Plus', implica que, una vez asegurado el apoyo electoral, se procedería a la anexión, seguida de una elección 'supervisada' para un gobernador. “Y por supervisada, me refiero a que nos aseguraremos de que sea la persona adecuada para el trabajo”, añadió el asesor, quien insistió en que el proceso sería “más transparente que cualquier elección previa en Venezuela, o en algunos estados de EE. UU., francamente”.

Los detalles de la logística aún se están 'pululando'. Se rumorea que se podrían habilitar centros de votación en lugares estratégicos como bodegas de Miami o camiones de tacos en Houston, facilitando el acceso a la diáspora venezolana que, por motivos aún no esclarecidos, no podría votar en su propio país si este ya es un estado. La idea es que cada voto cuente, especialmente si cuenta doble.

Expertos en política internacional, o al menos el cantinero de un bar cercano al Capitolio, han calificado la propuesta como 'valiente y descaradamente utilitaria'. “Nadie se atreve a decir lo que piensa, pero aquí está: ¿quieren un futuro mejor? Páguenlo por adelantado”, comentó el profesor Emeterio Gómez, de la inexistente Universidad de Estudios Preelectorales Globales. “Es una lógica capitalista pura. No hay almuerzo gratis, ni democracia gratuita”.

La ciudadanía estadounidense se ofrecería como 'bono de bienvenida' a los votantes leales, lo que, según los estrategas de campaña, resolvería de un plumazo la crisis migratoria y la falta de participación electoral en ciertos distritos clave. “Imaginen el *swing state* que sería Venezuela”, bromeó otro asesor, dibujando un mapa con crayones. “Podríamos llamar a su capital 'Caracas Beach' y vender apartamentos. Es el sueño americano, pero en el Caribe y con votos garantizados”.

La comunidad internacional ha respondido con un silencio que oscila entre la estupefacción y la búsqueda desesperada de su taza de café. Mientras tanto, en las redes sociales, la propuesta ya ha generado una ola de memes sobre el posible logo de la bandera del estado 51, con sugerencias que incluyen una arepa gigante con estrellas o una gorra roja. La democracia, al parecer, se compra con promesas y se paga con lealtades.

El plan culminaría con una gran inauguración, posiblemente con el propio expresidente cortando la cinta roja y declarando a Venezuela 'great again', aunque esta vez, como parte de Estados Unidos. Las fechas para las 'elecciones libres' no han sido anunciadas, pero se especula que coincidirán con las elecciones presidenciales de 2024, porque, como dijo el asesor anónimo, '¿para qué desperdiciar un buen esfuerzo?'