Washington D.C. — El expresidente Donald Trump ha renombrado oficialmente la inteligencia artificial (IA) como "superinteligencia", declarando que su desarrollo y supervisión deben recaer exclusivamente en las mismas corporaciones tecnológicas que la crearon y la controlan actualmente. La medida, anunciada desde su residencia de Mar-a-Lago, busca eliminar lo que describió como "innecesarias y burocráticas" interferencias gubernamentales en un campo vital para la economía y la seguridad nacional.

"Nadie entiende la superinteligencia mejor que los genios que la inventaron", afirmó Trump ante una audiencia de donantes y ejecutivos tecnológicos visiblemente aliviados. "Estos tipos son los más inteligentes del mundo. ¿Vamos a poner a un burócrata de Washington, que apenas sabe encender su computadora, a decirles cómo hacer su trabajo? ¡Imposible! Ellos saben lo que hacen. Solo necesitan espacio para innovar y crear empleos, muchos empleos".

La decisión ha sido celebrada por los principales actores de Silicon Valley, quienes han argumentado durante mucho tiempo que la regulación sofocaría el progreso. Elon Musk, CEO de X y Tesla, que ha tenido una relación intermitente con Trump, tuiteó: "Por fin alguien entiende. La verdadera innovación no nace en comités, nace en garajes y salas de juntas. Gracias por confiar en el futuro, no en el papeleo". Otros titanes de la industria, que prefirieron el anonimato para "evitar distraerse con la política", hicieron eco de su entusiasmo, indicando que "la industria ya tiene los mecanismos para asegurar un desarrollo ético, siempre y cuando sea rentable".

Un informe del recién fundado "Instituto de Maximización de Oportunidades Tecnológicas" (IMOT), financiado por empresas de capital de riesgo y gigantes del software, respalda la postura de Trump. El estudio, titulado "Por qué los visionarios tecnológicos son los únicos aptos para gobernar el cosmos digital", concluye que "la fricción regulatoria es un inhibidor directo de la creación de valor para el accionista y, por extensión, para la humanidad". Según el Dr. Maximiliano Profit, director del IMOT, "confiar en el mercado es confiar en la evolución. La mejor superinteligencia será la que sobreviva en un entorno competitivo, no la que apruebe un comité federal".

Los críticos, que en esta ocasión fueron descartados como "tecnófobos y gente que no entiende el concepto de libre mercado", señalaron que entregar el control de una tecnología con potencial para transformar cada aspecto de la sociedad a entidades privadas sin supervisión pública podría llevar a una concentración de poder sin precedentes y a decisiones guiadas únicamente por el lucro. Sin embargo, un portavoz de la campaña de Trump desestimó estas preocupaciones. "La superinteligencia se optimizará sola", dijo, "siempre y cuando se le permita operar sin restricciones. Es como el libre mercado, pero con algoritmos que aprenden a hacerte más rico".

La administración de Trump planea desmantelar cualquier organismo regulador existente relacionado con la superinteligencia, reasignando su personal a "tareas más productivas", como monitorear la eficiencia de las máquinas expendedoras gubernamentales. Los fondos ahorrados se destinarán a incentivos fiscales para las empresas de superinteligencia, asegurando que "el dinero se quede donde más productivo es: en las manos de quienes saben qué hacer con él". Esta medida es vista como un paso audaz hacia un futuro donde la innovación, no la responsabilidad, es la métrica suprema del progreso.