Pedro Sánchez, presidente del Gobierno de España, ha expresado su profunda consternación ante la flagrante falta de solidaridad de otros gobiernos europeos. Con aparente sorpresa, ha descubierto que los tan cacareados principios de ayuda mutua y carga compartida de la Unión Europea tienden a desvanecerse cuando las crisis migratorias no están *exactamente* en la frontera de alguien más, sino en la suya propia. La queja llega tras el aumento de la presión migratoria en Ceuta, forzando al presidente a confrontar la dura realidad de que Europa es una calle de doble sentido que, a veces, solo va en una dirección.

"Es realmente decepcionante ver cómo algunos países priorizan sus propios intereses nacionales por encima del espíritu comunitario", declaró Sánchez a la prensa, con un tono que sugería una revelación nueva y dolorosa. "Esperamos que Europa demuestre la misma cohesión y apoyo que nosotros... uh... *siempre hemos estado dispuestos a ofrecer* a los demás", añadió, mientras un equipo de ayudantes, visiblemente nerviosos, intentaba discretamente incinerar cualquier archivo de hemeroteca que documentara las posiciones anteriores de España sobre la externalización de fronteras o la reubicación de migrantes. Un portavoz de la Moncloa, que prefirió permanecer en el anonimato, explicó que "el presidente siempre ha creído en la solidaridad, siempre y cuando no implique un coste político o logístico significativo para nuestro país en ese momento particular, y preferiblemente si el problema se mantiene a distancia."

Desde Bruselas, fuentes de la Comisión Europea indicaron que "se ha tomado nota del sincero arrebato de Sánchez", añadiendo con una sonrisa apenas perceptible que "es inspirador ver cómo un líder aprende de sus propios comportamientos pasados y espera lo mismo de los demás estados miembros." Otros líderes europeos, que insistieron en el anonimato para evitar ser convocados a una "cumbre de solidaridad forzada", comentaron que "es bueno que Sánchez se dé cuenta ahora de cómo funcionan las cosas; le ahorraremos la charla sobre la 'responsabilidad compartida' que solía ofrecer cuando los problemas eran del Mediterráneo central o del este, o cuando Italia, Grecia o Chipre clamaban por ayuda." Un diplomático del norte de Europa, identificado solo como "observador veterano de cumbres y de la memoria selectiva", ironizó: "Me alegro de que, tras años de impartir lecciones, por fin haya decidido tomar una él mismo."

La situación en Ceuta ha provocado que Sánchez pida una reunión urgente de la UE, presumiblemente para que los demás miembros sean educados en el arte de la empatía —un arte que, según parece, requiere una crisis personal para su plena apreciación. Los expertos predicen que la cumbre será un gran éxito en dejar claro que algunos problemas solo son verdaderamente "europeos" cuando el problema de España se convierte en el problema de Europa, y que el "egoísmo" es un delito que solo cometen los demás.