La Confederación de Grandes Industrias de España, que agrupa desde fabricantes de acero hasta ensambladoras de automóviles, ha lanzado un llamamiento desesperado al gobierno, exigiendo una auditoría exhaustiva de los costes y el consumo de energía, agua y suelo de los centros de datos del país. La patronal argumenta que estas infraestructuras digitales, vitales para la "nube" y la inteligencia artificial, están acaparando recursos esenciales que, según ellos, deberían destinarse a la producción "real" de cosas que chirrían y emiten humo.
En un comunicado tan audaz como la propia demanda, los industriales subrayaron que "no podemos permitir que las necesidades de una máquina que solo procesa ceros y unos comprometan el futuro de nuestras fábricas, donde se producen coches, tornillos y el ruido glorioso de la prosperidad". Añaden que, mientras sus gigantescas factorías luchan por cada megavatio y cada metro cúbico de agua para evitar paralizaciones, los centros de datos "simplemente respiran electricidad y humedad en silencio, sin forjar ni un solo lingote de metal".
Fuentes cercanas a la confederación, que prefieren mantener el anonimato para no revelar la profunda preocupación de sus miembros por el avance imparable de la tecnología, explicaron que la propuesta de auditoría no es una mera cuestión de transparencia. "Es un grito de guerra", afirmó uno de los lobistas. "Queremos saber si lo que llaman 'nube' es realmente más importante que el acero. Queremos que el gobierno decida si un servidor que almacena fotos de gatos tiene prioridad sobre una fundición que da trabajo a miles de personas".
Los industriales también sugieren que, una vez auditados, los centros de datos deberían someterse a un "peaje digital" para compensar a la industria tradicional por el "desvío de recursos". Este peaje, según la propuesta, se calcularía en función del "valor intrínseco" de lo que cada centro de datos procesa. Un correo electrónico corporativo, por ejemplo, tendría un valor inferior al de una base de datos de investigación médica, lo que permitiría asignar los recursos de manera "más justa" y "tangible".
Además de la energía y el agua, la patronal ha puesto el ojo en el suelo industrial. "Antes, si querías poner una fábrica, buscabas terreno. Ahora, estos centros vienen, ponen unas cajas con luces y consumen más que un barrio entero", se quejó un veterano del sector automotriz. "Ya ni podemos encontrar dónde expandirnos sin que nos topemos con una 'granja de servidores' que nos dice que no hay capacidad eléctrica".
El Ministerio de Industria, en una declaración cuidadosamente redactada, indicó que "estudiará todas las propuestas con la seriedad que merecen, buscando un equilibrio entre la modernización económica y la competitividad de todos los sectores". Sin embargo, un técnico del ministerio, que también prefirió la seguridad del anonimato, susurró que "es como pedirle a los carruajes que auditen los trenes por el consumo de carbón. El problema no es el consumo, es el siglo."
Los líderes de la industria tradicional insisten en que esta medida es crucial para la "soberanía industrial" del país. "Si no ponemos límites a estas 'nubes', pronto no tendremos nada más que procesar que nuestros propios lamentos", concluyó el comunicado. Parece que, para la vieja guardia, la única nube buena es la que trae lluvia, pero solo si esa agua va directamente a sus procesos industriales, dejando el éter digital para tiempos más austeros.










