miles de jubilados en toda españa han iniciado una acampada preventiva, erigiendo tiendas de campaña y desplegando sillas plegables frente a los centros de tramitación del imserso. la medida, calificada como “estratégica” por los propios implicados, busca garantizar una plaza en la codiciada campaña de viajes 2026-2027, que promete ser la más competitiva de la historia reciente.
desde málaga hasta santander, los campamentos improvisados se han convertido en focos de camaradería y tensa expectación. los más veteranos, equipados con mantas eléctricas y termos llenos de caldo, comparten consejos sobre cómo soportar las noches y los turnos de guardia. “aquí el que no corre, vuela”, declaró maría, una jubilada de 78 años que lleva tres días en su puesto con su tienda a rayas. “el año pasado me quedé sin venecia por un minuto. esta vez, ni que me saquen con grúas”.
el incremento en la esperanza de vida, sumado a la explosión demográfica de la generación del baby boom, ha disparado la presión sobre el programa. un estudio no oficial, realizado por el recién fundado 'observatorio de competitividad gerontológica', estima que la ratio de solicitantes por plaza podría alcanzar cifras equivalentes a las admisiones en las universidades más prestigiosas. “ya no es cuestión de suerte, es una ciencia”, afirmó el dr. alejandro vargas, portavoz del observatorio. “hemos detectado patrones de vigilancia nocturna, sistemas de relevo y hasta pequeños mercados negros para ‘reservar’ puestos en la fila por módicas sumas de bollería o pases preferentes al baño”.
la administración, por su parte, ha emitido un comunicado instando a la calma y recordando que el proceso de reserva online aún no ha comenzado. sin embargo, los jubilados parecen haber aprendido la lección de pasadas campañas, donde los servidores colapsaban en cuestión de segundos. “online es para los novatos”, sentenció un hombre de 82 años, mientras afilaba su lápiz para el sudoku. “aquí se viene con el cuerpo, con la resistencia. esto es una maratón, no un sprint”.
algunos campistas han establecido “zonas de tregua” donde se permiten partidas de dominó o parchís, pero la tensión es palpable cuando se acerca la hora de comer y las provisiones empiezan a escasear. “no confiamos en nadie”, confesó carmen, otra acampada. “mi vecina de tienda me ofrece galletas, pero sé que me las quiere dar para que me duerma y así robarme el sitio. es un campo de batalla”.
expertos en seguridad ciudadana han recomendado a los ayuntamientos establecer puntos de control y posiblemente un sistema de sorteo previo para evitar incidentes. sin embargo, la marea de la tercera edad, armada con bastones y una voluntad de hierro, parece imparable. con el aumento de la demanda proyectado para los próximos años, se espera que estas “jornadas de acampada Imserso” se conviertan en una tradición anual, con tácticas cada vez más elaboradas y una competitividad que hará palidecer a los “juegos del hambre” originales. el próximo paso, sugieren algunos, será la formación de escuadrones de asalto geriátricos.






