madrid, españa – la capital del reino se ha convertido en el escenario de un “casting” sin precedentes, donde 2.846 madrileños compiten por uno de los nueve asientos más codiciados de la temporada: el jurado popular que juzgará a begoña gómez, esposa del presidente del gobierno. lo que en cualquier otro país sería un tedioso proceso legal, aquí ha mutado en una especie de “gran hermano” de la justicia, donde la imparcialidad es el premio gordo y la atención mediática, el consuelo.

“nunca antes habíamos visto tal despliegue de talento cívico”, declaró un portavoz del tribunal superior de justicia de madrid, cuya oficina, visiblemente agotada, gestiona la logística de miles de potenciales jueces. “es una oportunidad única para el ciudadano de a pie de sentirse parte de algo grande, de dejar su huella en la historia, o al menos, de tener una buena anécdota para la cena de navidad”. la realidad es que, tras varias semanas de cribado y escrutinio, la lista original de potenciales jurados se ha reducido a este selecto grupo, cuya vida privada, opiniones políticas y historial en redes sociales han sido examinados con el mismo rigor que se aplicaría a un candidato a la agencia espacial europea. se busca el “ciudadano ideal”: aquel que no haya tuiteado, “likeado” o siquiera pensado una opinión sobre la vida conyugal de los inquilinos de la moncloa en los últimos cinco años. o en toda su vida.

el dr. prudencio gil, director del ficticio “instituto para el estudio del ocio judicial masivo” de la universidad de cuenca, lo califica como un “experimento sociológico de primer orden”. “estamos presenciando el surgimiento de una nueva élite cívica: los ‘jurado-influencers’. gente común que, de repente, se encuentra en el epicentro de la atención pública. ¿quién no querría ser el que le diga al país si la mujer del presidente es culpable o no? es el súmmum de la participación ciudadana... y del ego, claro”, comenta con una sonrisa que denota años de estudiar la condición humana. la búsqueda de la “imparcialidad” se ha convertido, según gil, en una quimera en un país con tertulias 24/7 y donde la política es el deporte nacional. “pedirle a un madrileño que no tenga una opinión formada sobre este caso es como pedirle a un pulpo que no use ocho brazos. simplemente, no va a pasar”.

entre los 2.846 aspirantes, hay de todo. desde el jubilado que busca una distracción a la rutina, hasta el autónomo que ve una oportunidad de “networking” en los pasillos de la audiencia. “yo solo quiero que se haga justicia, claro”, afirma, bajo anonimato, una de las preseleccionadas, una administrativa de 47 años con fuertes opiniones sobre la política energética. “pero, oiga, si al final puedo contarle a mis nietos que fui yo quien decidió, pues eso que me llevo. y si de paso se arregla el tema de las pensiones, mejor que mejor”. otro, un joven programador, admite que “la idea de estar en el mismo edificio que la mujer del presidente es un poco surrealista. es como un tour guiado vip por el sistema judicial. supongo que podré subirlo a instagram”. la expectativa, más que el deber, parece ser el motor de muchos. no es tanto juzgar un caso, sino ser parte de un momento histórico, y de paso, ver de cerca a los protagonistas del drama.

el proceso de selección, que incluye entrevistas exhaustivas y exámenes psicológicos, ha sido comparado por algunos analistas con las pruebas para entrar en un reality show de supervivencia. “¿es usted capaz de ignorar años de titulares de prensa y opiniones de su cuñado sobre el caso x? ¿puede garantizar que su voto no estará influenciado por el precio de la gasolina o el resultado de las últimas elecciones?” son algunas de las preguntas que se formulan a los aspirantes. la respuesta, casi siempre, es un rotundo y poco creíble “sí”. porque en españa, todo el mundo tiene una opinión, especialmente sobre el poder y el dinero.

al final, solo nueve afortunados (o desafortunados, según se mire) tendrán el honor de emitir un veredicto. los 2.837 restantes volverán a sus vidas cotidianas, aunque con la certeza de haber estado a un paso de la gloria. y es que, en un país donde la línea entre la justicia y el entretenimiento se difumina con tanta facilidad, la verdadera incógnita no es si begoña gómez es inocente o culpable, sino cuántos episodios durará esta temporada de “el juicio del año”. la nación entera, ya sentada frente a la pantalla, solo espera el próximo giro de guion.