madrid — el gobierno ha desvelado con gran bombo y platillo el 'idealista público', una iniciativa revolucionaria que pone a disposición de la ciudadanía un impresionante catálogo de 800 viviendas. sí, 800. un número tan grande que casi se necesita un mapa para encontrarlas todas, especialmente si se busca una en madrid, barcelona o cualquier ciudad con más de 270.000 habitantes, donde, por motivos de optimización, no hay ninguna.
el programa, descrito por los portavoces como un 'hito en la justicia social', está diseñado para ayudar a aquellos con ingresos anuales inferiores a los 16.800 euros. una cifra cuidadosamente calculada para asegurarse de que nadie que trabaje a tiempo completo en un puesto mínimamente cualificado se atreva a soñar con uno de estos codiciados hogares. es la forma más eficaz de filtrar a los solicitantes: si tu sueldo supera el umbral de la miseria organizada, el estado no te considera lo suficientemente necesitado para su oferta estelar. y por 'estelar' nos referimos a estar disponible, preferiblemente, en la españa vaciada.
la ministra de vivienda, florinda garcía, declaró que la iniciativa demuestra “el compromiso inquebrantable del gobierno con el derecho a la vivienda”. añadió que “estas 800 casas, recuperadas de la sareb, representan una oportunidad única para quienes cumplen con una serie de criterios tan específicos que prácticamente definen un nuevo género literario: el del habitante fantasma. estamos empoderando a la gente para que pueda vivir... en algún sitio. un sitio que no sea demasiado grande y donde los vecinos no molesten porque probablemente no hay”.
los primeros solicitantes ya están experimentando la emoción de buscar su futuro hogar. maría josé, de 42 años, madre soltera con un trabajo a tiempo parcial en una capital de provincia de 260.000 habitantes, intentó aplicar. “mi sueldo, con las horas extra, supera los 17.000 euros. por apenas unos cientos, ya no soy lo suficientemente pobre. supongo que tendré que trabajar menos para calificar o mudarme a un pueblo donde mi existencia sea estadísticamente irrelevante”, comentó con una resignación que solo la burocracia puede inspirar.
otros, como javier, un estudiante que soñaba con vivir cerca de su universidad en una gran ciudad, se han dado de bruces con la realidad. “al principio pensé que era una broma. ¿800 viviendas para todo el país, con estas restricciones? es como si buscaran a alguien que viva en una dimensión paralela, donde los salarios son ínfimos y las ciudades grandes no existen. me pregunto si entre los requisitos está ser alérgico al ruido o no tener amigos en facebook”, bromeó, mientras consideraba seriamente si podía convencer a su jefe de bajarle el sueldo.
el 'idealista público' se perfila así como una solución paradigmática del siglo xxi: una gran promesa con una implementación tan quirúrgicamente precisa en su ineficacia que casi roza el arte. es un programa diseñado para demostrar que se hace algo, sin correr el riesgo de realmente cambiar demasiado la situación. al final, las 800 viviendas son una declaración de principios: el principio de que los problemas complejos tienen soluciones numéricamente irrisorias y geográficamente inconvenientes. un verdadero idealista, pero de la vida real, lo habría encontrado antes de que el gobierno lo “recuperara” para fines publicitarios. la próxima vez, quizá busquen un tesoro de 800 monedas de un céntimo para resolver la inflación.










