Ottawa, Canadá – En una jugada diplomática que ha dejado a los historiadores rasgándose las vestiduras y a los aranceles intactos, la provincia de Ontario ha lanzado una campaña publicitaria apelando al espíritu y las citas del expresidente estadounidense Ronald Reagan para persuadir a Donald Trump de revertir los aranceles al acero y aluminio. La estrategia se basa en la ingeniosa premisa de que Trump, conocido por su profunda reverencia por las figuras políticas del pasado, cambiará de opinión al escuchar las sabias palabras de un hombre que una vez fue elogiado por su manejo de la Guerra Fría, no de los tornillos de acero.
Anuncios en televisión y radio, financiados por los contribuyentes ontarienses, muestran clips de Reagan hablando de libre comercio, amistad entre aliados y la importancia de no joderse mutuamente. "Creemos que la voz de Reagan, un ícono conservador, resonará en el presidente Trump", declaró un portavoz del gobierno de Ontario, con una sonrisa forzada. "Después de todo, ¿quién mejor para recordarle a un presidente republicano los principios republicanos que otro presidente republicano, aunque esté un poco… más allá de la fecha de caducidad?" La campaña incluye vallas publicitarias con citas como "La libertad no es algo que se transmite de una generación a otra. Hay que luchar por ella, protegerla y entregarla a nuestros hijos" —una máxima que, curiosamente, no menciona el aluminio anodizado.
Desde la Casa Blanca, fuentes cercanas al presidente Trump indicaron que el mandatario ha reaccionado a la campaña con la típica mezcla de sorpresa y desinterés. "El presidente escuchó a Reagan. Luego dijo: 'Este tipo suena como un perdedor. ¿Alguien hizo un buen trato con este tipo? No parece un tipo de tratos fuertes'", comentó un asesor bajo anonimato, frotándose la sien. "El presidente está más preocupado por los que pagan aranceles *ahora*, no por los que hablaban de libertad hace cuarenta años. Además, dijo que prefiere hablar con gente que aún puede votar". Al parecer, la estrategia de "invocación espectral" no está produciendo los resultados esperados.
Expertos en negociaciones comerciales han sugerido que la táctica ontariense podría ser "excesivamente sutil" para un presidente que prefiere las amenazas directas y los apretones de manos bruscos. "Esperar que Trump respete la retórica de un expresidente cuando apenas respeta la suya propia es una apuesta arriesgada", señaló la Dra. Alma Delmuro, profesora de política comparada en la Universidad de Manitoba. "Es como intentar convencer a un ladrón de bancos leyendo un pasaje de los Diez Mandamientos. Puede que sea moralmente correcto, pero el dinero ya se fue". Mientras tanto, los productores de acero y aluminio de Ontario siguen pagando los aranceles, preguntándose si la siguiente estrategia implicará a Abraham Lincoln y un mapa con un tesoro escondido.
El primer ministro de Ontario, Doug Ford, defendió la iniciativa, afirmando que "todas las opciones están sobre la mesa", incluyendo la posibilidad de contactar con el espíritu de George Washington a través de una tabla ouija. La esperanza es que el próximo ex-presidente estadounidense convenza a Trump de que, aunque el comercio es importante, la amistad entre vecinos es un poquito más valiosa que un par de centavos en una lata de refresco. La Casa Blanca, por su parte, ya ha solicitado una lista de todos los expresidentes de EE. UU. que han sido considerados "perdedores" en algún momento de la historia.






