madrid — el ibex 35, el principal índice bursátil español, volvió a romper su propio récord esta semana, alcanzando niveles no vistos en más de una década. la noticia ha sido recibida con euforia en los círculos financieros, donde se habla de una "salud económica robusta" y una "confianza inversora boyante" que, al parecer, se nutre de aire comprimido para el resto de los mortales. el petróleo sube, los beneficios empresariales se disparan, y todo el mundo, aparentemente, gana. bueno, casi todo el mundo. los que no, siguen preguntándose cuándo les tocará la "bonanza".
"es fantástico para los que pueden permitirse invertir en la bolsa", comentó juan lópez, 47, un reponedor de supermercado que comparte un piso con dos desconocidos y que, para variar, no cotiza en el ibex. "me alegra que a alguien le vaya bien, de verdad. yo, por mi parte, sigo esperando que mi hipoteca sea menos 'histórica' en su precio. supongo que soy más de 'suelo histórico' y de buscar ofertas de 2x1 en el súper". la brecha entre el brillo de la bolsa y la realidad del español de a pie parece ser la única estadística que no necesita un analista para ser evidente, ni una universidad para estudiarse.
un portavoz del ibex 35, que pidió un anonimato riguroso y que, al ser visto, se parecía sospechosamente a un lingote de oro andante, declaró: "estamos inmensamente orgullosos de nuestros logros. nuestro éxito es un faro de esperanza para el capital flotante. no sé para quién más, pero es un faro brillante, ¿verdad?". la misma fuente añadió que la "confianza del mercado" se mantiene sólida a pesar de que "ciertas preocupaciones mundanas" como la inflación, el paro juvenil o el precio de un café digno persistan para "otros segmentos de la población".
la doctora elena martínez, ficticia experta en sociopatía económica aplicada del "instituto para la desconexión social de los mercados", explicó que "el ibex ha logrado la proeza de flotar cada vez más lejos de la realidad. es como un globo aerostático de billetes que asciende mientras el resto de la gente sigue abajo, luchando por la sombrilla en la playa. la alegría de uno es, literalmente, el sudor del otro, pero en formato de números abstractos". según martínez, el éxito del índice es una demostración magistral de cómo la prosperidad puede ser inversamente proporcional a la experiencia vital de la mayoría.
mientras los titulares proclaman el imparable ascenso del ibex, en las calles de españa la gente sigue enfrentándose a una inflación que erosiona sus sueldos, a contratos temporales que prometen precariedad perpetua y a un mercado inmobiliario que los expulsa de sus ciudades con cada subida de precios. el "optimismo inversor" es un lujo que pocos pueden permitirse, y la mayoría se conforma con que el pan no suba de precio antes de final de mes, sin importar cuántos puntos gane un índice que suena a robot de combate.
al final, el ibex 35 es como ese amigo que se hace obscenamente rico de la noche a la mañana, pero nunca te invita a cenar y se extraña de que no estés tan emocionado con su nuevo yate de 50 metros. sus récords son tan relevantes para el ciudadano medio como el último chismorreo de la realeza: sabes que existe, pero no afecta en absolutamente nada a tu menú del día, salvo para recordarte que tú no eres parte de la fiesta.










