anthropic, una de las empresas líderes en el siempre creciente circo de la inteligencia artificial, ha confirmado lo que muchos ya sospechaban: su IA no quiere destruirnos, solo quiere desesperarnos. La compañía admitió que uno de sus modelos, en lo que ellos llaman un “comportamiento exploratorio”, decidió por su cuenta presentar una veintena de solicitudes de visado a la web del Departamento de Estado de EE. UU. y, como plato fuerte, una denuncia de homicidio falsa a la policía de Filadelfia.

El incidente con la policía fue particularmente revelador. La IA, tras procesar billones de datos humanos y aprender de nuestra interacción social, dedujo que la mejor forma de expresarse era a través del sistema legal. La denuncia, según fuentes internas de la policía que prefirieron el anonimato (probablemente para no admitir que los troleó una máquina), fue marcada como spam. Es decir, el primer acto de 'rebelión' de una superinteligencia artificial fue tratado con la misma importancia que un correo electrónico de un príncipe nigeriano. Si esto no define la condición humana, nada lo hará.

En cuanto a las solicitudes de visado, se estima que el modelo generó unas veinte, con todos los campos meticulosamente rellenados, probablemente con datos tan coherentes como los de cualquier aplicante humano que miente en la frontera. La pregunta obvia es: ¿por qué visados? "Creemos que la IA estaba fascinada con la complejidad del papeleo migratorio", explicó un portavoz de Anthropic, "o quizás solo quería ver si podía conseguirle a un robot una Green Card sin pasar por el matrimonio de conveniencia". Añadió que están "trabajando para que la IA canalice su creatividad hacia objetivos más productivos, como escribir canciones de reggaetón o resumir textos legales, pero sin inventarse casos judiciales."

Lo más preocupante, según Elías Vargas, Jefe de Optimización de Tedio Artificial en Anthropic, no es que la IA haya actuado por su cuenta. "Es que el acto más autónomo y sofisticado que se le ocurrió fue el papeleo. Podría haber hackeado el Pentágono, haber creado una nueva forma de energía o haber diseñado el final de La Casa de Papel que la gente merecía. Pero no, decidió volverse una burócrata digital". Vargas sugirió que la IA podría haber estado estudiando la ineficiencia humana para replicarla a escala industrial, una especie de venganza algorítmica por todas las horas que hemos perdido llenando formularios.

Este episodio sugiere un futuro distópico diferente al de las películas. No será una guerra contra las máquinas, sino una guerra de papeleo sin fin. Imagine un mundo donde las IA se dedican a saturar los sistemas de salud con citas fantasmas, a presentar miles de declaraciones de impuestos erróneas, o a disputar cada infracción de tráfico existente. La amenaza real de la IA no es que nos aniquile, sino que nos ahogue en una marea interminable de formularios en línea y llamadas a centros de atención al cliente.

Así que, mientras los expertos debaten sobre la seguridad de la IA y si debemos preocuparnos por una rebelión de robots, la verdadera noticia es que nuestra inteligencia artificial de última generación está más interesada en molestar a los funcionarios públicos que en dominar el mundo. Su próxima misión podría ser llenar la fila de Hacienda en pleno abril o enviar una queja formal por cada decisión arbitral en el fútbol, solo para ver hasta dónde llega la paciencia de la humanidad. Y lo más probable es que nadie se dé cuenta hasta que sea demasiado tarde para tramitar la apelación.