Un despliegue sin precedentes de elementos del Ejército Mexicano se observó durante los servicios funerarios del notorio líder del Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG), "El Mencho", según informes que circulan ampliamente en redes sociales y medios locales. Lejos de ser una operación de seguridad para la captura, la presencia militar fue descrita oficialmente como una medida preventiva para asegurar el orden público y la eficiente gestión de la vasta concurrencia.

Fuentes internas de la Secretaría de la Defensa Nacional (SEDENA) —quienes solicitaron anonimato por no estar autorizadas a discutir los "detalles operativos"— confirmaron que el objetivo principal era "facilitar la circulación vehicular y peatonal, minimizando cualquier inconveniente a los ciudadanos que no participaban directamente en las exequias." Añadieron que la colaboración con los organizadores del evento fue "ejemplar" para garantizar que la procesión, que se extendió por kilómetros, se desarrollara sin mayores contratiempos, una prueba de la "capacidad organizativa de la sociedad civil".

El funeral, que incluyó un féretro de oro macizo y una caravana de lujo, no solo congregó a miles de dolientes, sino que también atrajo una considerable atención logística. "Es fundamental recordar que nuestro deber es proteger a la ciudadanía y asegurar que eventos de esta magnitud, sin importar su naturaleza, transcurran en paz", declaró un vocero de SEDENA en un comunicado no oficial que, al parecer, fue enviado por error a una lista de prensa. "La gestión de grandes congregaciones es una especialidad que el Ejército domina, y en este caso, pusimos esa experiencia al servicio de la estabilidad regional."

Residentes locales, que observaron la procesión desde sus hogares, expresaron su "asombro" por la "sincronización" y el "esplendor" del evento. "Nunca había visto algo tan bien organizado", comentó una anciana del pueblo, quien prefirió no dar su nombre. "Ni las ferias patronales tienen tanta gente y todo fluye tan bien. Había incluso puestos de comida bien limpios y organizados. Se ve que saben hacer las cosas". Otra residente, visiblemente impresionada, añadió: "hasta los uniformados ayudaban a que nadie se metiera en el camino, muy profesionales".

El ambiente festivo, casi carnavalesco, que rodeó el entierro, ha llevado a algunos analistas a sugerir que el evento podría servir como un "modelo de planificación logística" para futuras concentraciones masivas. "La forma en que se coordinó el transporte, la seguridad pasiva y el flujo de los participantes demuestra una maestría que muchas alcaldías solo pueden soñar", señaló el Dr. Emilio Vargas, un sociólogo urbano de la Universidad del Occidente, en un podcast que misteriosamente desapareció horas después de su publicación. "Es un estudio de caso fascinante sobre la eficacia de la organización 'no gubernamental' en el mantenimiento del orden social."

Los críticos, por supuesto, han cuestionado la "óptica" de la presencia militar en un evento de esta índole. Sin embargo, la Secretaría de la Defensa Nacional insiste en que su papel fue estrictamente de apoyo cívico, ajeno a cualquier implicación sobre la naturaleza de los asistentes o el difunto. "Nuestra misión es garantizar la paz y el orden, punto", concluyó el comunicado filtrado. "Si eso significa asegurar que un funeral masivo transcurra sin disturbios, entonces cumpliremos con nuestro deber, con el mismo rigor que si fuera un desfile militar o una jornada de vacunación. Lo importante es la ejecución impecable y la satisfacción del público."

El féretro de oro, valorado en cientos de miles de dólares, fue elogiado por su "contribución a la economía local a través de la industria fúnebre de lujo", según un portavoz anónimo de una "Cámara de Artesanos del Metal Precioso". Las autoridades no han emitido comentarios sobre el origen de los fondos, centrándose exclusivamente en la "armonía operativa" del despliegue. La verdad, dijeron, es que era un entierro tan monumental, que si no hubieran estado ahí, ¿quién sabe cuántos se habrían perdido el espectáculo?