barcelona — El gobierno de Cataluña ha declarado la guerra a la inteligencia artificial para menores de 14 años, prohibiendo su uso en un intento por salvaguardar el desarrollo cognitivo de los niños. La decisión, anunciada con gran pompa, ha sido recibida con una mezcla de aplausos por parte de expertos en educación y con ataques de pánico silencioso por parte de padres que veían en el algoritmo a su mejor niñera.

"Es una cuestión de salud pública mental", declaró la consellera de Bienestar Digital y Futuro Imposible, Dra. Clara Garriga, en rueda de prensa. "Los cerebros en formación no deben ser moldeados por algoritmos predictivos diseñados para la monetización. Necesitan exploración, juego y, sobre todo, interacción humana". La Dra. Garriga, que no tiene hijos, enfatizó la importancia de "volver a los juegos de mesa y a la conversación familiar significativa".

Mientras los políticos teorizan sobre el desarrollo neurológico, en los hogares la realidad es otra. "¿Interacción humana? ¿A las seis de la tarde, después de ocho horas de trabajo y con la cena sin hacer?", exclamó Marta Soler, madre de dos y vecina de l'Hospitalet, mientras se apoyaba dramáticamente en la nevera de su cocina. "Mi hijo de siete años lleva dos años convencido de que un loro virtual le enseña inglés. No sé si es IA o no, pero me ha dado veinte minutos de silencio al día. Veinte minutos sagrados. ¿Ahora qué? ¿Le pongo un libro y me lo leo yo?"

La prohibición, que entrará en vigor en los próximos meses, plantea un desafío monumental: ¿cómo se define y se regula la "IA" en el vasto y difuso mundo de las aplicaciones infantiles? ¿Un filtro de snapchat es IA? ¿Un algoritmo que recomienda el siguiente capítulo de Peppa Pig en youtube es IA? "Estamos desarrollando un equipo de 'ciber-agentes de desarrollo infantil' que auditarán las aplicaciones. Será un proceso complejo, pero necesario", aseguró un portavoz del departamento, sin especificar cómo se evitaría que un niño, por ejemplo, usara el teléfono de un adulto o simplemente mintiera sobre su edad.

La conselleria también ha anunciado un programa de subsidios para la compra de rompecabezas de madera y libros ilustrados, esperando que esto "estimule una interacción no algorítmica y la imaginación pura". Sin embargo, para padres como Carlos Ruiz, de Girona, la solución es aún más sencilla: "Supongo que tendré que empezar a hablar con mi hijo. O, peor, tendré que esperar a que cumpla los 14 para que le devuelvan el derecho a que un algoritmo le diga qué hacer en lugar de su padre."

Expertos en neuro-parenting digital del ficticio Instituto de Paz Parental Silenciosa (IPPS) señalaron que, si bien la intención es noble, "ignora la función vital que ha tomado la pantalla como pacificador universal en la era moderna". Añaden que el verdadero peligro no es la inteligencia de la máquina, sino el repentino y abrumador exceso de inteligencia emocional que los padres se verán forzados a desplegar sin tregua.