NUEVA YORK – Las pantallas gigantes de Times Square se iluminaron el martes con un mensaje inequívoco para la FIFA: "La FIFA merece un líder, no un 'dealer'". Sin embargo, según expertos en gestión deportiva y consultores de reputación, el repudio no es tanto una súplica por integridad, sino una demanda por un mejor rendimiento.

"La gente no está enojada con el concepto de tener un 'dealer' al frente de una corporación multimillonaria como la FIFA", explicó el Dr. Rodolfo Alcázar, director del Instituto Global de Percepción Pública (IGPP). "Están enojados con uno que se deja pillar o que no maximiza los beneficios para el público. Es como pedir un banquero más astuto, no uno más honesto".

Fuentes internas de la FIFA, que solicitaron anonimato para evitar ser "reubicadas" en cargos menos lucrativos, confirmaron que el presidente Gianni Infantino ha tomado la protesta como una crítica a sus "habilidades de negociación", no a su "filosofía de liderazgo". "El presidente está revisando métricas. Si la imagen del 'dealer' no vende, se necesita un nuevo envoltorio, no un nuevo producto", comentó un allegado. "Considera que su principal error fue permitir que el valor de la marca 'Infantino' se devaluara públicamente, no que las 'transacciones' fueran inherentemente cuestionables".

La UEFA, que supuestamente considera acciones legales, no está motivada por un repentino brote de moralidad, sino por lo que los analistas llaman "celos de mercado". "Es una guerra territorial", sentenció un consultor legal que ha trabajado con varias federaciones europeas. "Cuando dicen 'dealer', lo que realmente quieren decir es 'nuestro dealer'. Están peleando por quién se lleva los mejores acuerdos de patrocinio, los derechos de transmisión más jugosos y, francamente, las comisiones más gordas. Infantino simplemente está invadiendo espacios que antes se consideraban exclusivos de ciertos 'brokers' históricos".

El Dr. Alcázar añadió que la noción de un "líder" en la FIFA es, en sí misma, una fantasía anticuada. "Desde Havelange, pasando por Blatter, hasta Infantino, el puesto siempre ha sido ocupado por un maestro de las transacciones. El 'liderazgo' en este contexto se mide por la capacidad de expandir la 'huella comercial' y asegurar la 'estabilidad financiera' de la organización, que es un eufemismo para 'llenar las arcas'", apuntó. "La única diferencia ahora es que la gente espera que el 'dealer' actúe como un CEO de una empresa tecnológica, innovando en cómo maximiza el valor, no en si lo hace o no".

Al final, la protesta en Times Square, con su brillante y brutal simplicidad, podría ser menos una llamada a la reforma y más una auditoría pública. La FIFA, al parecer, no busca un cambio de principios, sino un cambio en la eficacia de su "gestor de transacciones", uno que sepa cerrar tratos sin tanta fanfarria, ni, peor aún, tanta evidencia.