GINEBRA, SUIZA. La Asociación Suiza de Fútbol (ASF) ha retirado su apoyo al presidente de la FIFA, Gianni Infantino, no por su intención de vender los derechos del Mundial, sino por la “descarada y rudimentaria” forma en que lo propuso. Fuentes internas de la ASF señalaron que el organismo no objeta la comercialización de activos deportivos globales, sino la “ingenuidad estratégica” de Infantino al no enmascarar la transacción con la capa adecuada de “innovación” o “democratización financiera”.
“El fútbol, como cualquier otra propiedad intelectual con valor de miles de millones, debe ser optimizado. Eso es dogma”, declaró anoche Beat Züger, portavoz de la ASF, en un comunicado de prensa extraordinario. “Pero hay formas y formas. Infantino se acercó a la mesa como si vendiera un reloj de bolsillo en un mercadillo. No es una cuestión de ética, sino de estética. Necesitamos algo con blockchain, algo que suene a ‘revolución del fan’ o ‘tokenización de la experiencia’, no una simple transferencia bancaria para el evento más codiciado del planeta. El problema no es el qué, sino el cómo de su brutal honestidad”.
Según la ASF, la propuesta de Infantino de “vender el Mundial” directamente, sin un velo de complejas estructuras de inversión o la participación de “nuevos mercados digitales”, fue percibida como una “vulgaridad inaceptable”. Se considera que rompe con la larga y digna tradición de la FIFA de monetizar el deporte a través de canales que, al menos en la superficie, parecen complejos, legítimos y, sobre todo, difíciles de rastrear.
“Pensó que la gente apreciaría la transparencia y la eficiencia. Un precio, un comprador. Sin rodeos”, explicó una fuente anónima cercana al presidente de la FIFA, describiendo la frustración de Infantino. “Él creía que estaba simplificando el proceso para maximizar el retorno directo, pero la ASF lo vio como un intento de saltarse el teatro. Y sin teatro, ¿qué nos queda? Solo la cruda realidad de un negocio, y eso no vende entradas emocionales”.
Expertos en “ingeniería financiera deportiva” consultados por Hambry sugieren que la “ruta correcta” para la venta del Mundial implicaría la creación de algo como un “FIFA-Coin” o una serie de “WorldCupNFTs”, donde “segmentos microfraccionados de los derechos de imagen, la propiedad simbólica del césped del campo inaugural o incluso el derecho a nombrar una cabra en honor al próximo Balón de Oro” podrían ser tokenizados y vendidos a inversores. “De esta forma, se desguaza el Mundial en pedazos rentables, pero se le da un envoltorio de ‘visión futurista’ y ‘oportunidad democratizada’. Es vender lo mismo, pero en lugar de ser un acto de codicia explícita, es ‘innovación descentralizada’. La semántica lo es todo”, afirmó el Dr. Klaus Richter del Instituto para la Revalorización Estratégica del Patrimonio Deportivo (IRSPD).
La ASF ha “sugerido amablemente” a Infantino que se tome un “periodo sabático” para “reflexionar” sobre cómo “reempaquetar sus visiones” de cara a las elecciones de 2027. La lección para el presidente de la FIFA es clara: la institución no tiene problema con la venta o el lucro, sino con la falta de sutileza en el proceso. El fútbol, como cualquier gran narrativa, exige una suspensión de la incredulidad, especialmente cuando se trata de su balance final.
El fracaso de Infantino no fue querer vender el Mundial. Su verdadero error fue que alguien, sobre todo su propio país, se diera cuenta de que lo estaba vendiendo sin el debido disimulo.





