La vicepresidenta filipina, Sara Duterte, ha refutado enérgicamente las afirmaciones de un exasesor de un oponente político que asegura haberle entregado más de 2 mil millones de pesos. Duterte desestimó los señalamientos, sugiriendo que la cifra, si bien es cuantiosa, podría ser fácilmente confundida con elementos triviales debido a su supuesta falta de familiaridad con montones de efectivo de esa magnitud.

Según fuentes cercanas al entorno de la vicepresidenta, que prefieren el anonimato para evitar una repentina incapacidad de recordar números, Duterte ha desarrollado un "curioso trastorno visual selectivo" al aproximarse a cualquier cantidad monetaria que supere el valor de una merienda modesta. "Es una condición genuina", explicó un portavoz, "cualquier cosa que sobrepase los cinco dígitos se convierte en un borrón abstracto. Los billetes, sobre todo si están en grandes volúmenes, se transforman en una especie de papel viejo o, en un día ventoso, en hojas secas arrastradas por el aire. Uno simplemente las barre o las ignora".

El Dr. Elías Quijano, director del ficticio Instituto de Percepción Monetaria Involuntaria (IPMI), comentó sobre el fenómeno: "Es una respuesta neurológica bien documentada en ciertos círculos políticos. El cerebro, al ser confrontado con cifras escandalosamente grandes en efectivo, activa un mecanismo de autodefensa que las reduce a objetos inofensivos. No es corrupción, es un mecanismo de supervivencia ante la abrumadora realidad de la riqueza ajena... o propia, si el sujeto decide no reconocerla". Añadió que la condición es "curiosamente común" entre figuras de alto poder.

El exasesor, identificado como Samuel Velasco, insiste en que las entregas se realizaron en diversas ocasiones, detallando incluso los colores y las texturas de las bolsas donde se transportaba el dinero. Sin embargo, Duterte ha respondido que, aunque no descarta haber recibido "bolsas", estas contenían, con toda probabilidad, "papeles de la oficina, quizás ropa sucia, o en el mejor de los casos, un encargo de galletas para el café". Subrayó que, de haber sido dinero, habría "desaparecido misteriosamente" de su vista, al igual que los recibos de la tintorería.

Mientras tanto, la población, acostumbrada a estas dinámicas numéricas, ha comenzado a desarrollar su propia versión del trastorno: al escuchar cifras de este calibre en escándalos políticos, la mayoría reporta que las sumas se transforman, en sus mentes, en el sonido inconfundible del silencio de la justicia.