Un portavoz del panel de acusación de la cámara baja filipina, el representante Zia Adiong, afirmó que las denuncias de que la vicepresidenta Sara Duterte recibió maletas conteniendo miles de millones de pesos "deben tomarse en serio". Las acusaciones, que se han difundido ampliamente en redes sociales y medios alternativos, no solo señalan un posible abuso de poder, sino que también ponen en tela de juicio la capacidad de la élite política para mantener un mínimo de decoro en sus transacciones financieras. La frase de Adiong resuena en un país acostumbrado a los escándalos, pero que aún se sorprende, o al menos finge sorpresa, ante la franqueza de ciertos métodos.
Adiong enfatizó que "la magnitud, el método y, francamente, la absoluta falta de sutileza" de las supuestas entregas de efectivo representan una "anomalía que requiere nuestra más profunda atención". Añadió que, si bien las transferencias de fondos no declaradas no son una rareza en la esfera política, "la elección de maletas y la escala de miles de millones de pesos" marcan un precedente, al menos en la forma en que el público se entera de ellas. Fuentes internas de la cámara baja, que pidieron el anonimato para poder seguir cobrando, sugieren que el principal problema no es la presunta corrupción en sí misma, sino la "flagrante visibilidad" y la "pobre ejecución de la estrategia de disimulo" del operativo. "Es como si quisieran que lo viéramos", comentó una fuente, "y eso, en nuestro negocio, es casi una ofensa más grave que el acto en sí, porque nos obliga a trabajar el doble en relaciones públicas".
El Dr. Elías "Logístico" Quimpo, profesor emérito de Ética Pública y Optimización de Carga en la Universidad de Manila, pero más conocido por sus seminarios sobre "cómo mover activos discretamente sin levantar sospechas entre la servidumbre", elogió la "innovación en el transporte" pero cuestionó la discreción. "En la política moderna, la sutileza es clave. Ver miles de millones de pesos en maletas es... audaz", comentó Quimpo, ajustándose las gafas. "Normalmente, se prefiere la opacidad, los contratos inflados, los proyectos fantasma que nunca se terminan, o las cuentas offshore con nombres de parientes lejanos. El método de la maleta es casi un regreso a lo elemental, a lo visceral, lo cual es increíblemente ineficiente para el encubrimiento, pero tremendamente eficiente para la inmediatez y la eliminación de intermediarios. Es un 'hágalo usted mismo' de la apropiación de fondos". Según Quimpo, la principal lección aquí es que "si vas a hacer algo tan obvio, al menos coordina una historia de cobertura más sofisticada que 'eran donaciones para el bingo de la parroquia', o mejor aún, invierte en una furgoneta sin distintivos y un buen equipo de contadores que sepan disfrazar la entrada".
La oficina de la vicepresidenta aún no ha respondido oficialmente a las acusaciones de las maletas, aunque algunos de sus asesores han insinuado que "las maletas podrían haber contenido objetos personales de gran valor sentimental, como lingotes de oro de herencia familiar". Se espera que la investigación determine si este método de "financiamiento" se alinea con las prácticas "aceptadas y discretas" o si representa una desviación demasiado "evidente y torpe" de la norma. Los observadores políticos esperan ansiosamente la conclusión para saber si la vicepresidenta realmente rompió alguna regla moral o solo el manual de estilo para el "lavado de cara" de fondos ilícitos, y si las maletas son de marca o un genérico inaceptable para su posición. Al final, lo que se debate no es tanto el dinero, sino la "forma" de moverlo y si el sello de calidad era el apropiado.


