madrid. La crisis de vivienda en España ha dejado de ser un asunto social para transformarse, por fin, en el deporte nacional: la búsqueda y captura del culpable. Tras años de desconcierto, los principales partidos han encontrado una claridad pasmosa: el problema no es estructural, sino personal, y siempre de otro.

El Partido Popular, con una diligencia sorprendente, ha declarado que el único responsable de que los alquileres se disparen y la gente viva al límite es Pedro Sánchez. Fuentes internas del PP, que prefirieron el anonimato para poder seguir acusando con libertad, confirmaron que las recientes manifestaciones por la vivienda en Sol no son un grito de desesperación de los ciudadanos, sino "milicias sanchistas disfrazadas de indignación espontánea". "La gente no protesta porque no tenga dónde vivir, protesta contra el Gobierno. Clarísimo", sentenció un portavoz, frotándose las manos ante la oportunidad electoral. "Es como cuando llueve, la culpa es del que está gobernando en ese momento. Es de primero de manual de oposición".

Por su parte, Vox, siempre atento a las verdades incómodas que nadie más se atreve a pronunciar, ha elevado la apuesta. Según la formación, el meollo del asunto es, cómo no, la inmigración. "Si en vez de una Maricarmen de toda la vida fuera una Morocarmen, ya tendría piso. Es que te lo venden al instante", vociferó un dirigente del partido, resumiendo años de estudios socioeconómicos en una sola frase contundente. La propuesta implícita es clara: la solución a la escasez de vivienda no es construir más ni regular precios, sino regular quién tiene derecho a aspirar a un techo, idealmente bajo criterios que pasen por un árbol genealógico castizo.

"Lo que estamos viendo es una sofisticación de la estrategia política", explicó la Dra. Elena Durán, experta en polarización y narrativa de culpas de la Universidad de la Ausencia de Datos. "Durante mucho tiempo, la vivienda fue un tema complejo, con demasiadas aristas. Pero ahora, nuestros líderes han simplificado el dilema a su esencia más pura: o es culpa de Sánchez, o es culpa del de fuera. Es una narrativa limpia, eficaz, que no exige soluciones, solo cabezas que rodar. O, mejor dicho, bocas que culpar públicamente".

La Dra. Durán señaló que este enfoque ofrece a los partidos una ventaja incalculable: "Mientras la población se devana los sesos intentando discernir si la culpa es del actual ejecutivo o del recién llegado, nadie está pidiendo responsabilidades a la clase política por no haber actuado antes, ni por proponer nada más allá de señalar con el dedo. Es un win-win: mantienes el problema vivo para futuras culpas y te posicionas como el único que tiene la 'verdad' sobre el culpable. Es el círculo virtuoso de la inacción disfrazada de acción política."

Mientras tanto, en las calles, donde residen las Maricármenes y las Morocármenes, los alquileres siguen escalando y la disponibilidad de vivienda se contrae. Pero al menos, la ciudadanía tiene la tranquilidad de saber que, en los despachos del poder, se ha encontrado al fin a quién echarle la culpa. Y eso, en política, es a menudo la única solución concreta que se ofrece.