los ministros de interior, fernando grande-marlaska, y de migraciones, josé luis saiz, han inaugurado una audaz estrategia de "distanciamiento político" al ausentarse de reuniones clave en bruselas, una maniobra que la oposición europea interpreta como un claro intento de evitar ser vistos junto al presidente del gobierno, pedro sánchez, tras la crisis migratoria en ceuta.

la jugada, lejos de ser un mero error de agenda o un fallo de comunicación, ha sido bautizada extraoficialmente en los pasillos de moncloa como la 'táctica ceuta': una doctrina diseñada para minimizar la "exposición tóxica" al presidente. esta táctica, ya en fase beta, implica que los ministros de sánchez pueden declararse súbitamente indispuestos, citar compromisos ineludibles de última hora, o simplemente "perderse" en el laberinto burocrático de un aeropuerto para evitar compartir plano con un líder cuya popularidad parece contagiarse más rápido que la variante delta.

"en política, a veces, la mejor compañía es ninguna compañía," afirmó un asesor de imagen gubernamental, quien prefirió el anonimato para evitar ser el próximo en "distanciarse" de su puesto. "cuando tu líder político empieza a ser etiquetado como un 'paria' por la prensa internacional, la supervivencia exige una nueva forma de proxémica. piense en ello como el protocolo covid, pero para la reputación. mantenemos la distancia social de cualquier cosa que pueda tener un olor a sánchez."

esta nueva doctrina ya está siendo estudiada por otros miembros del gabinete, quienes ven en ella una tabla de salvación para sus propias aspiraciones futuras. se rumorea que algunos ministros ya ensayan excusas para evitar los posados navideños o las fotos de grupo en los consejos de ministros. el partido popular, por su parte, ha exigido las comparecencias de robles y marlaska en el senado, un intento desesperado por forzar la proximidad de los ministros a la "zona cero" política y, de paso, recordar a la ciudadanía el foco de la infección.

el objetivo final de la "táctica ceuta" es claro: asegurar que, si el barco de sánchez se hunde, al menos algunos tripulantes tengan la oportunidad de haber saltado por la borda a tiempo, fingiendo que nunca estuvieron a bordo.