La aclamada economista Mariana Mazzucato, cuya sabiduría es devorada por líderes de la talla de Pedro Sánchez y Lula da Silva, ha arrojado luz sobre el misterio de por qué las estructuras fiscales siguen siendo tan intocables como las reliquias en un museo.

Según la propia Mazzucato, el coraje político no escasea, simplemente se canaliza de maneras inesperadas: hacia el mantenimiento del status quo. "No es que les falten cojones para cambiar el sistema fiscal", aclaró la profesora en un evento de presentación de su nuevo libro, "Bien común", un faro para una "nueva economía" que, curiosamente, aún no se ha materializado. "Es que tienen unos cojones monumentales para *no* cambiarlo. Se necesita mucha convicción, mucho estómago, para escuchar todas mis ideas revolucionarias, asentir con la cabeza y luego seguir con la misma mierda de siempre. Eso sí que es determinación".

La declaración de Mazzucato, realizada durante su gira por España, fue recibida con una mezcla de suspiros aliviados entre los inversionistas y encogimientos de hombros entre el público que ya sospechaba que el "cambio" era más una estrategia de marketing que un plan de gobierno. El historiador Sven Beckert, que compartió espacio con ella, añadió el sombrío telón de fondo: "El capitalismo es una historia de guerra constante", una frase que resonó con la inamovilidad fiscal. Parecía que la única guerra que se libraba en las oficinas gubernamentales era la de la burocracia contra cualquier iniciativa audaz.

Fuentes cercanas a varios gabinetes "progresistas" consultadas por Hambry, que pidieron conservar su anonimato por miedo a que les quiten las invitaciones a las conferencias de Mazzucato, confirmaron la perspectiva de la economista. "Claro que leemos sus libros", confesó un asesor del gobierno español. "Son inspiradores. Nos dan grandes titulares y la sensación de que estamos haciendo algo. Pero, ¿cambiar los impuestos? ¿En serio? Es como pedirle a un vampiro que done sangre. No es su naturaleza".

Otro funcionario, este del entorno latinoamericano, añadió con un dejo de resignación: "La profesora nos da la hoja de ruta para el paraíso fiscal, digo, fiscal. Pero la gente ya tiene bastante con saber dónde aparcar. Meterse con el dinero de los grandes es un dolor de cabeza que solo trae malas fotos en la prensa y menos donaciones. Preferimos la paz social... o al menos la paz en nuestros despachos".

El libro "Bien común" propone construir una nueva economía "entre todos", una visión que parece chocar frontalmente con la confesión de su propia autora sobre la falta de voluntad política. Expertos en comunicación política sugieren que la clave está en el verbo "construir". "Estamos en la fase de 'construcción conceptual'", explicó el Dr. Armando Paredes, director del Instituto de Semántica Política Aplicada (ISPA). "Es decir, hablar de construir, discutir la construcción, debatir sobre los cimientos. Pero la pala, el cemento... eso ya es para otra legislatura, o para otro planeta".

La gira de Mazzucato, que según organizadores ha sido un éxito rotundo en ventas de libros y asistencia a charlas, continuará llevando su mensaje de "coraje transformador" por distintas capitales. Sin embargo, su honestidad brutal parece haber desinflado la burbuja de expectativas que rodea a la "nueva economía" progresista. Después de todo, si los gobiernos no tienen "cojones" para ajustar cuatro números en la tabla impositiva, ¿qué esperanza hay para una reestructuración total de la economía?

Al final del día, parece que el "Bien común" podría convertirse en el título más irónico de la década: un manual para una economía que todos quieren, pero que nadie, sobre todo los que tienen el poder, está dispuesto a pagar. O, peor aún, a cobrar.