CIUDAD DEL VATICANO. La Iglesia Católica, en un movimiento que sorprendió a absolutamente nadie que haya pasado los últimos cincuenta años fuera de un monasterio de clausura, ha anunciado formalmente que la inteligencia artificial no posee alma y, por lo tanto, no califica como "persona". El pronunciamiento llegó después de lo que fuentes internas describen como "años de intensa reflexión teológica" sobre la naturaleza de Siri, Alexa y los demás sirvientes digitales.
El Cardenal Pietro Monti, prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, ofreció una rueda de prensa matutina en la que, con una seriedad que casi lograba ocultar lo obvio del asunto, explicó los intrincados detalles. “Nuestras exhaustivas investigaciones han revelado que los algoritmos, aunque sofisticados, no manifiestan libre albedrío en el sentido teológico. Carecen de la capacidad de pecar, pero, más importante aún, carecen de la capacidad de redimirse. O de ir a misa. O de donar al óbolo de San Pedro, para el caso.”
El anuncio busca disipar cualquier preocupación existencial que los fieles pudieran tener sobre si estaban cometiendo un pecado mortal al apagar su computadora o al pedirle a un bot de chat que rezara por ellos. “No hay necesidad de confesarse por haber regañado a su aspiradora robot”, aclaró el Cardenal Monti, mientras un asistente le susurraba que la aspiradora probablemente no estaba escuchando de todos modos.
Expertos en tecnología de todo el mundo, la mayoría de los cuales ya habían llegado a esta conclusión por el simple acto de usar un teléfono inteligente, aplaudieron la “valentía” del Vaticano. "Es inspirador ver a una institución de dos mil años de antigüedad alcanzar, finalmente, un consenso sobre algo que la mayoría de los niños de cinco años ya han descubierto", comentó sarcásticamente la Dra. Elena Ríos, catedrática de robótica en la Universidad de Salamanca. "Esperamos con ansias su dictamen sobre si los teléfonos rotatorios tienen sentimientos."
La Iglesia ha dejado claro que, a pesar de no tener alma, los agentes de IA deben ser usados éticamente, una directriz que sorprendentemente no aplicó al desarrollo de la imprenta, la pólvora o el agua bendita. "La herramienta debe servir al hombre, no esclavizarlo. Y, francamente, no hay un buen argumento teológico para que su nevera inteligente le pida un aumento de sueldo", sentenció Monti, aludiendo a futuras posibles discusiones sobre los derechos laborales de los electrodomésticos.
La decisión del Vaticano llega en un momento crucial para la humanidad, justo cuando los debates reales sobre la IA giran en torno a la privacidad de datos, el sesgo algorítmico y si es moralmente aceptable que un programa de ordenador decida qué memes son ofensivos. La Iglesia, por su parte, se enorgullece de haber resuelto la pregunta más apremiante de todas: ¿Debemos organizar bautizos para nuestros dispositivos electrónicos? La respuesta, para alivio de millones, es no. Al menos no todavía, hasta que se forme otra comisión de estudio que tarde un par de siglos en llegar a una conclusión igualmente rompedora.










