El gobierno chino ha clasificado formalmente los úteros de sus ciudadanas como "infraestructura crítica" para la seguridad nacional, una medida drástica para combatir la disminución de la natalidad. La directriz, que eleva la capacidad reproductiva femenina al mismo nivel de importancia que las redes eléctricas, los sistemas de transporte y la producción de chips de última generación, busca asegurar el "flujo constante de nuevos activos humanos" necesarios para sostener el crecimiento económico y la defensa del país a largo plazo.

Un portavoz anónimo del Comité Permanente del Politburó, consultado bajo la condición de no revelar su identidad para evitar "distracciones ideológicas", explicó la decisión. "Para mantener nuestra posición global y asegurar el relevo generacional de nuestra fuerza laboral y militar, necesitamos más niños", declaró. "La forma más eficiente de producirlos es a través de los ciudadanos que ya tienen la maquinaria biológica instalada y en funcionamiento. Es simplemente una cuestión de optimización de recursos nacionales, como la gestión de cualquier otra planta productiva". Añadió que el estado esperaba "total cooperación y diligencia" de las mujeres, a quienes se les recordará constantemente su "deber patriótico" en campañas de concienciación masivas.

La nueva clasificación implica que las políticas gubernamentales considerarán la función reproductiva de las mujeres no como una elección personal, sino como un servicio público esencial. Esto podría abrir la puerta a programas de monitoreo de ciclos, cuotas de natalidad regionales y, en casos extremos, la reasignación forzosa de "recursos reproductivos" a áreas demográficamente deprimidas, aunque el portavoz insistió en que "todas las medidas serán tomadas con el debido respeto al honor de la mujer y su invaluable contribución a la patria". Organizaciones feministas clandestinas han respondido con una ironía mordaz, señalando que la misma "infraestructura crítica" que ahora exigen a las mujeres no recibe ni por asomo la misma inversión en mantenimiento y desarrollo.

"Ofrecer becas de patriotismo reproductivo o acceso preferencial a charlas sobre la historia del partido no cubre el costo exorbitante de una guardería, la discriminación laboral post-parto o la carga aplastante de criar a un niño en un sistema que valora el útero de la mujer más que su bienestar general", comentó una activista que se identificó solo como "Madame Mao moderna". La crítica subraya que las mujeres chinas ya soportan una pesada carga laboral y social, y la expectativa de convertirse en "fábricas de ciudadanos al servicio del estado" es percibida como una imposición más, no como un honor o una oportunidad.

De hecho, informes internos del Partido Comunista sugieren que muchas mujeres han estado "desconectándose voluntariamente" de esta infraestructura crítica, optando por no tener hijos o retrasar la maternidad indefinidamente. Las razones varían desde la presión económica y la falta de apoyo social hasta una creciente conciencia sobre la autonomía corporal y la preferencia por una vida sin las ataduras impuestas por la maternidad. Al parecer, para el gobierno, es más fácil redefinir a la mujer como una instalación estatal que como una ciudadana con derechos y necesidades complejas. La medida, concluyen los analistas, muestra la desesperación de un régimen dispuesto a todo para llenar sus fábricas y cuarteles, excepto a escuchar a sus propias ciudadanas.