un reciente informe del instituto de estudios urbanos inclusivos (ieui) ha revelado lo que muchos desarrolladores inmobiliarios y fondos de inversión ya sabían intuitivamente: las ciudades alcanzan su máximo valor y eficiencia cuando la presencia de sus ciudadanos originales se reduce a la mínima expresión. el estudio, titulado "la sinergia entre el valor catastral y la reducción demográfica", sugiere que la gentrificación extrema no es un efecto secundario, sino la estrategia óptima para la valorización urbana.

"hemos constatado que cada vez que un barrio 'mejoraba', es decir, aumentaba su atractivo para inversores externos y turistas de alto poder adquisitivo, la población local comenzaba a percibirlo como 'inasequible'", explicó la dra. elara vandelay, directora de investigación del ieui. "inicialmente, pensábamos que esto era un problema. sin embargo, nuestros datos muestran una correlación directa entre la dificultad para costear la vida en una zona y el incremento exponencial de su valor de mercado. los 'acampados en sol', las protestas por la vivienda... son síntomas de una ciudad que está funcionando exactamente como el capital dicta que debería."

según vandelay, el ciudadano común, con sus necesidades de servicios públicos, su tráfico, sus colegios y sus centros de salud, es una "externalidad negativa" en la ecuación de la rentabilidad urbana. "cada vecino representa una demanda de infraestructura que no siempre genera retorno inmediato para el inversor. imaginen una ciudad donde cada edificio es una joya arquitectónica que solo se habita dos semanas al año por un ejecutivo extranjero, o un airbnb con tarifas estratosféricas. el mantenimiento es mínimo, los ingresos máximos, y no hay que lidiar con quejas por el ruido o la falta de guarderías."

el informe propone la creación de "zonas de eficiencia humana reducida" (zehr), áreas donde la vivienda se destinaría exclusivamente a la inversión o al alquiler turístico de lujo, con controles estrictos para desalentar la residencia permanente de la clase trabajadora o media. "no se trata de expulsar a la gente, sino de optimizar el uso del suelo", aclaró vandelay. "si su salario no le permite contribuir al ecosistema de alta valoración de la gran vía, quizás su 'contribución' sea buscar oportunidades en un entorno más acorde a su perfil de consumo. es oferta y demanda, a escala municipal."

esta nueva visión de la ciudad busca redefinir el concepto de "hogar". ya no es un lugar donde vivir, sino una unidad de inversión. los expertos vislumbran metrópolis del futuro compuestas por rascacielos relucientes con vistas espectaculares, pasillos desiertos y una densidad de población en las calles notablemente baja, excepto por los turistas de élite que pasean momentáneamente. los problemas de ruido, crimen o contaminación son cosa del pasado cuando no hay gente, solo activos.

las reacciones al informe han sido mixtas. mientras que asociaciones vecinales y colectivos por la vivienda han calificado las conclusiones de "cínicas y deshumanizadoras", varias corporaciones inmobiliarias y fondos de inversión han manifestado su interés en aplicar las recomendaciones del ieui. "es pura lógica de mercado", afirmó un directivo anónimo de un importante fondo de capital riesgo. "hemos estado fingiendo que nos importa la cohesión social, pero al final del día, las ciudades son bienes raíces. y los bienes raíces, como el oro, valen más cuanto menos gente lo toque."

este enfoque radical promete un futuro donde las ciudades serán auténticos museos al aire libre para el capital, donde el lujo será la única constante y la idea de un residente local... bueno, eso es tan de los 90.