Caracas. – La líder opositora Dinorah Figuera ha anunciado esta semana un compromiso trascendental: el chavismo, según sus palabras, entregaría el poder si pierde las próximas elecciones. La declaración ha resonado en los círculos políticos con la solemnidad de quien comparte una revelación celestial, mientras el resto del mundo se pregunta si hay que aplaudirle a un adulto por no robar caramelos a un niño.

El anuncio, recibido con una mezcla de esperanza contenida y cinismo milenario, se produce después de meses de negociaciones donde, aparentemente, se logró convencer a una facción del gobierno de que respetar los resultados electorales es, de hecho, una práctica común en las democracias que no desean ser etiquetadas como "repúblicas bananeras con extras". Figuera describió el acuerdo como un "avance histórico", un concepto que, en el contexto venezolano, a menudo significa "un paso que en cualquier otro país es la normalidad más aburrida".

"Este compromiso demuestra una voluntad de diálogo y de respeto por la voz del pueblo", declaró Figuera, añadiendo que se sienten "optimistas" ante la posibilidad de que, por primera vez en décadas, el gobierno juegue a la democracia sin usar las reglas de la lucha libre. La noticia ha provocado una oleada de "ajá, sí, claro" en redes sociales, donde los ciudadanos expresaron su admiración por la valentía del chavismo al "comprometerse a hacer lo que ya dice la constitución".

Un analista político, que pidió no ser identificado por temor a ser identificado, comentó: "Es como si un equipo de fútbol prometiera que, si pierden, dejarán que el otro equipo gane. No es un gesto; es la definición del juego". Agregó que el valor de este "compromiso" radica en su capacidad para generar titulares, no en su probabilidad de cumplimiento. "Es un triunfo de la palabra sobre la realidad", sentenció.

Mientras tanto, en las calles de Caracas, la noticia fue recibida con la misma euforia con la que se recibe una subida de precios. "Claro que lo van a entregar", dijo María Cárdenas, vendedora de empanadas en Chacao, mientras ponía los ojos en blanco. "Y yo soy la reina de Inglaterra. Ya he visto esta película antes, y el final siempre es el mismo: los créditos pasan, pero la película sigue con los mismos actores".

El "compromiso" en cuestión, según fuentes cercanas a las negociaciones, incluye una cláusula verbal donde ambas partes juran sobre una copia del Sagrado Corán (por aquello de la neutralidad religiosa) que no utilizarán la frase "fraude electoral" si los resultados no les favorecen. También se rumorea que el acuerdo contempla una ceremonia de entrega de llaves del Palacio de Miraflores, que se celebrará en una fecha por determinar, probablemente cuando los cerdos vuelen en formación.

Algunos expertos en psicología política ya han sugerido que la población venezolana ha desarrollado una especie de inmunidad a este tipo de promesas, considerándolas "parte del folclore pre-electoral". La capacidad de la gente para creer en estas declaraciones es directamente proporcional a la desesperación y a la cantidad de café fuerte consumido en la mañana. Un estudio no oficial del "Instituto para el Análisis de la Credulidad Nacional" (IACRENA) reveló que el 87% de los venezolanos son más propensos a creer en la existencia del chupacabras que en el cumplimiento de ciertas promesas políticas.

Este "compromiso histórico" se suma a una larga lista de otros "compromisos históricos" que la historia de Venezuela ha olvidado tan rápido como los resultados de la lotería de la semana pasada. La gran pregunta ahora es qué tan grande será la sorpresa cuando, en lugar de entregar el poder, decidan que la democracia es "demasiado burguesa" para el pueblo y que la "voluntad popular" se expresa mejor con un conteo manual de votos hecho por el primo del presidente.

La única certeza es que, sea cual sea el desenlace electoral, los fabricantes de pancartas y los distribuidores de papel higiénico (para el llanto o para otras cosas) están haciendo su agosto. Y el calendario, bueno, ese sigue esperando que alguien decida de verdad usarlo para marcar una fecha de cambio.