caracas, venezuela — en un giro que ha dejado a observadores internacionales y a la propia oposición con la boca abierta, el partido de gobierno en venezuela ha anunciado un compromiso sin precedentes: entregar el poder en caso de perder las próximas elecciones. la declaración, hecha por la diputada dinorah figuera, ha sido recibida con una mezcla de cautela, asombro y el inevitable escepticismo que caracteriza la política local.

el compromiso marca un hito en la historia política del país, donde la alternancia democrática ha sido, en ocasiones, más una aspiración teórica que una práctica sostenida. fuentes cercanas al régimen, que prefirieron mantenerse en el anonimato para poder seguir en el anonimato, indicaron que la decisión surgió de "un profundo proceso de reflexión interna sobre los beneficios estratégicos de la imagen democrática". uno de ellos añadió, bajando la voz: "es como descubrir que el agua moja, pero con el añadido de que el chavismo por fin se dio cuenta de que mojaba, y que eso podía ser útil a veces".

expertos en comportamiento político, muchos de los cuales han vivido lo suficiente en venezuela como para haber visto de todo y creer en nada, han calificado la promesa de "absolutamente innovadora". el doctor ermes trismegisto, director del instituto para el estudio de promesas electorales fantásticas (iepef), con sede en una azotea de chacao, comentó: "es la primera vez en décadas que una fuerza política en el poder aquí contempla seriamente la posibilidad, aunque sea hipotética, de no aferrarse al cargo con la fuerza de un koala a un eucalipto. es casi poético. o una broma muy elaborada".

la oposición, por su parte, ha emitido comunicados donde expresan una "esperanza cautelosa, mezclada con una dosis importante de pánico ante la perspectiva de tener que gobernar". un portavoz de la plataforma unitaria democrática, cuya identidad se protege por razones obvias, declaró: "si es verdad, es maravilloso. pero después de tantos años de 'el que tiene los votos los tiene, y el que no, no los tiene', uno aprende a no contar los huevos antes de que la gallina revolucionaria ponga el último. y a veces ni siquiera después de que lo ponga".

la declaración de figuera ha desencadenado un debate nacional sobre cómo sería realmente una "entrega de poder" en venezuela. algunos ciudadanos se imaginan una ceremonia formal, con un traspaso de banda presidencial y la lectura de un discurso de concesión. otros, más realistas, especulan con un proceso que incluiría la búsqueda de los documentos de transición en el cajón de la cocina, al lado de los recibos de la luz, o un mensaje de texto masivo diciendo: "se acabó, chao".

mientras tanto, la cúpula del partido oficialista ha iniciado talleres de capacitación para sus cuadros, titulados "¿qué hacer después del 28j si la aritmética es irrebatible? manual básico para el ciudadano de a pie que un día fue ministro". las clases incluyen módulos como "cómo reaccionar a la derrota sin tuitear la palabra 'fraude' 50 veces por minuto" y "desactivación de la cuenta de twitter en caso de catástrofe electoral: un paso a la vez".

el compromiso, aunque aún envuelto en un aura de lo irreal, ha logrado algo que parecía imposible: que la gente hable de elecciones y resultados, y no solo de la escasez de gasolina. ahora solo queda que el chavismo pierda, que la promesa se cumpla, y que la luna se tiña de azul, todo al mismo tiempo.