madrid, españa — la reunión del consejo de política fiscal y financiera, ese ritual burocrático donde las comunidades autónomas debaten cómo repartirse un pastel que cada vez es más pequeño, se celebró hoy con la notoria ausencia de la delegación de madrid. no es falta de interés, aclaran desde el gobierno regional; es una declaración de intenciones. según la estrategia, si no hay quórum, no hay votación. y si no hay votación, no hay acuerdo. y si no hay acuerdo, se bloquea cualquier intento de pacto que no haya sido diseñado y aprobado, por supuesto, en la propia puerta del sol.
la consejera de hacienda madrileña, rocío albert, confirmó su ausencia y el llamado a las demás autonomías gobernadas por el partido popular a seguir su ejemplo. la excusa oficial: el modelo de financiación autonómica que se pretendía discutir es "unilateral" y "pactado con independentistas", refiriéndose al acuerdo entre el gobierno central y esquerra republicana de cataluña. una portavoz del gobierno regional, bajo condición de anonimato para poder ser completamente honesta, declaró: "¿para qué ir si ya sabemos lo que van a proponer? esto no es un diálogo; es una imposición. y si hay algo que los madrileños no toleran es que les impongan algo, a menos que sean los impuestos al resto de españa, claro está. la verdadera negociación es fuera de la mesa, forzando a los demás a ceder. si no podemos ganar la partida, al menos podemos romper el tablero."
este movimiento, descrito por sus artífices como una "defensa de la autonomía" y por sus críticos como un "secuestro institucional", pone de manifiesto una curiosa interpretación de la gobernanza. el principio democrático, al parecer, no reside en el debate y la votación, sino en la capacidad de impedir que estos ocurran si el resultado anticipado no es del agrado propio. un experto en ciencia política de la universidad complutense, el doctor jaime gálvez, señaló que "el arte de la política española se ha reducido a ver quién consigue que el otro no vote. no es obstrucción; es un ejercicio de la democracia inversa, donde el poder se demuestra bloqueando, no construyendo. es el equivalente político a llevarte el balón a casa si no te dejan marcar."
otros funcionarios madrileños, quienes admitieron estar más preocupados por las portadas de los periódicos que por las complejidades de la financiación autonómica, añadieron: "si el otro lado celebra un acuerdo, nosotros lo convertimos en un fracaso, aunque a lo mejor nos beneficiase. es el abc de la polarización, y somos maestros. nuestra lealtad es primero al partido, luego a la región, y ya muy al final, si hay tiempo, a la estabilidad del estado". la estrategia no es tanto mejorar la financiación como asegurar que nadie más pueda mejorar la suya si eso implica ceder un ápice de poder narrativo o electoral.
al final, el mensaje es claro: el consenso es admirable, siempre y cuando se alcance en los términos dictados por uno. de lo contrario, la opción es el vacío, la silla vacía, la ausencia ruidosa que grita más fuerte que cualquier argumento. un acto de pura convicción ideológica que, de paso, garantiza que nadie tenga que lidiar con las molestas complejidades de gobernar. al fin y al cabo, es mucho más fácil criticar desde la barrera que proponer soluciones viables, especialmente si esas soluciones implican hablar con quien no te cae bien.










