OpenAI, la empresa que logró que la gente creyera que una máquina es inteligente, está a punto de lanzar un "teléfono con IA", un concepto tan revolucionario como el de un coche con ruedas. La noticia ha provocado una furia casi infantil en las oficinas de Apple, que asegura que sus competidores le han robado la receta secreta para vender gadgets idénticos a precios exorbitantes.

"Estamos consternados," declaró Tim Cuk, un portavoz de Apple, mientras revisaba una tabla de beneficios trimestrales que solo cabía en una pantalla de 80 pulgadas. "Llevamos décadas perfeccionando el arte de tomar una tecnología existente, añadirle nuestra marca, y convencer al mundo de que es algo completamente nuevo y esencial. Ver a otros intentar lo mismo, sin el debido proceso de patente de 'audacia corporativa', es un ultraje." Cuk añadió que Apple "siempre ha priorizado la experiencia del usuario de pagar más" y que cualquier intento de democratizar esa experiencia es una afrenta directa a su modelo de negocio.

Desde OpenAI, la respuesta fue una sonrisa corporativa generada por algoritmo. "Nuestro 'ia-phone' es la culminación de años de investigación para integrar la inteligencia artificial en cada aspecto de tu vida, desde pedir una pizza hasta convencerte de que necesitas un nuevo teléfono cada año," explicó un avatar de prensa con una voz sospechosamente neutral. "Es una herramienta que realmente entiende tus necesidades... como la necesidad de una suscripción premium." Aseguran que su dispositivo aprenderá de ti, se anticipará a tus deseos y, sobre todo, te hará sentir que estás a la vanguardia, justo antes de que lancen la versión del año siguiente.

Los analistas del "Instituto de Estudio de Hype Tecnológico Redundante" (IEHTR) señalan que la verdadera innovación aquí no es la IA, sino la capacidad de ambas empresas para mantener la narrativa de que cada nuevo producto es un salto cuántico, en lugar de un paso lateral ligeramente más caro. "Es la carrera armamentista por el ciclo de consumo," comentó la Dra. Elena Durán, directora del IEHTR. "Quien venda el 'cerebro' del futuro, controla la billetera de hoy. Y lo irónico es que, al final, el 'cerebro' termina ejecutando las mismas aplicaciones de redes sociales que ya tienes en el teléfono viejo."

Mientras tanto, los consumidores se preparan para el próximo aluvión de anuncios y la inevitable decisión de si su vida mejorará realmente si su teléfono puede generar poemas haiku sobre su café matutino. La verdadera pregunta no es si un teléfono es más inteligente, sino si nosotros, los que lo compramos, lo somos.