santiago de compostela – el gobierno gallego, en un acto de altruismo sin precedentes, celebró esta semana la entrega de sus primeras viviendas sociales en casi dos décadas. la fastuosa ceremonia, más parecida a la coronación de un monarca que a un trámite administrativo, reunió a los 16 "afortunados" beneficiarios, quienes debieron someterse a un riguroso protocolo de agradecimiento y sumisión.
"cuídenlas como si fuesen suyas," declaró un emocionado alfonso rueda, presidente de la xunta, con la voz quebrada por la emoción de su propia magnanimidad. la frase, lejos de ser un consejo de mantenimiento, se entendió como una advertencia: estos hogares, concedidos tras casi veinte años de inacción oficial, eran un favor personal, no un derecho. los inquilinos, cuidadosamente seleccionados entre los 30.000 demandantes, incluyendo nueve menores de 36 años, fueron expuestos en un espectáculo publicitario que dejó claro el mensaje: se les ha dado un don, y deben vivir en perpetua gratitud.
el evento, criticado por entidades sociales como una "exposición irrespetuosa" y un "tratamiento publicitario," incluyó una sesión fotográfica obligatoria donde los nuevos inquilinos debían sonreír y asentir, como si acabaran de ganar la lotería y no un techo que les corresponde. "era un poco como ir a la boda de un familiar que no te cae bien," confesó, bajo condición de anonimato, una de las beneficiarias, madre de dos. "tienes que poner cara de feliz y decir que todo es maravilloso, aunque por dentro solo pienses en la mudanza."
fuentes cercanas a la xunta, que prefirieron no ser identificadas para evitar ser señaladas como ingratas, indicaron que la celebración busca "reafirmar el compromiso del gobierno con el bienestar de la ciudadanía, siempre y cuando esta se muestre adecuadamente agradecida." al parecer, se estudia la implementación de un "índice de gratitud" para futuras adjudicaciones, que incluiría la asistencia obligatoria a eventos públicos, la participación en encuestas de satisfacción con resultados positivos predeterminados y, posiblemente, un servicio comunitario ocasional en apoyo a la imagen del partido de turno.
el bng no tardó en calificar el acto de "franquista," señalando que "la gente agradece como favores lo que son derechos fundamentales." sin embargo, para los organizadores, la satisfacción residía en la visión de ciudadanos, obligados por la necesidad, aplaudiendo el privilegio de recibir lo que se les había negado por tanto tiempo. al final, lo importante no era la vivienda, sino la lección de humildad y dependencia que esta, con tanto retraso, impartía.


