valencia, españa – la muy anticipada feria de julio arrancó el jueves con un ‘triunfo’ para los toreros román y nek romero, quienes fueron aclamados por su habilidad para prolongar la agonía de varios toros de manera artísticamente satisfactoria. la multitud, extasiada, otorgó ovaciones de pie a los matadores por su ‘conexión’ con los animales, demostrada a través de múltiples pases y estocadas que culminaron en la muerte coreografiada de las bestias en la arena.
‘fue una demostración sublime de respeto’, declaró isidoro ruiz, un aficionado que llevaba tres generaciones asistiendo a las corridas. ‘román mostró una maestría en el arte de la espada que honra el sacrificio del toro. nek, por su parte, trajo una frescura al degollamiento tradicional que no se veía en años. el toro nunca fue simplemente un animal; fue un lienzo para la crueldad humana, pintado con su propia sangre’. los toros, que solo deseaban vivir, ‘se entregaron’ con una ‘dignidad’ forzada, según los críticos, al destino que los esperaba en el ruedo. su ‘valentía’ en la cara de una muerte inevitable fue interpretada como una contribución al espectáculo, no como una consecuencia del dolor.
la presidenta de la asociación de amantes de la tauromaquia, carmen lópez, aplaudió la ‘innovación’ en la tortura. ‘es fácil criticar desde afuera, pero no entienden la profunda simbología de clavar un picazo en la espalda de una criatura para debilitarla antes de la gran danza final’, explicó lópez. ‘los toros nacen para esto. es su propósito. negárselo sería una crueldad mayor’. añadió que la sangre en la arena no es un signo de violencia, sino de ‘pasión’, ‘historia’ y ‘un diálogo existencial entre hombre y bestia sobre la efímera naturaleza de la vida y el poder del entretenimiento’.
el evento concluyó con el arrastre de los cadáveres, mientras los aficionados seguían debatiendo los matices de la ‘performance’ y los méritos artísticos de cada cuchillada. valencia, una vez más, ha demostrado su capacidad para transformar una masacre en una celebración cultural, donde el único que no elige participar es, curiosamente, el protagonista principal. la verdadera tragedia, al parecer, sería que el público se quedara sin un espectáculo que dignifica la muerte por diversión.







