El sector del cine ha estado en un tira y afloja constante con la audiencia, y ahora Universal Pictures ha sido brutalmente honesta sobre el campo de batalla: es la mente del consumidor. Donna Langley, presidenta de Universal Filmed Entertainment Group, ha declarado sin tapujos que están intentando "deshacer el entrenamiento que le hemos dado a la audiencia" respecto a los cortos períodos de exhibición en salas antes del streaming. La directiva se refiere a la impaciencia de los espectadores, que ahora esperan ver las películas en casa mucho antes de lo que solían hacerlo, una costumbre que, curiosamente, fue fomentada por los propios estudios durante la pandemia.

Este "adiestramiento" involuntario, según Langley, ha creado un problema para el modelo de negocio tradicional. "Es como cuando le das un dulce a un niño cada vez que hace algo", explicó el Dr. Armando Paredes, un "experto en condicionamiento masivo de consumo" del ficticio Instituto de Adaptación Conductual de Hollywood. "Ahora que quieres que el niño espere la cena, tienes un problema. La audiencia de cine aprendió que no necesitaba esperar. Ahora hay que enseñarles que la paciencia es una virtud... o al menos, una fuente de ingresos adicional para nosotros". Paredes sugirió métodos de "terapia de choque", como retrasar aún más las fechas de lanzamiento digital o incluso introducir preestrenos exclusivos en formato VHS para los más puristas, aunque estos últimos serían "difíciles de escalar".

La estrategia parece clara: culpar al "mal hábito" del consumidor por las decisiones empresariales de los estudios. Durante los años de la pandemia, con las salas cerradas y la necesidad de monetizar rápidamente el contenido, las ventanas de exclusividad teatral se redujeron drásticamente. Los espectadores se acostumbraron a ver los estrenos en streaming a las pocas semanas, e incluso días. Ahora, con las salas de cine intentando recuperar su esplendor, los estudios se encuentran con una audiencia "malcriada" que se niega a pagar dos veces por un contenido que sabe que pronto estará disponible en la comodidad de su hogar. La "reeducación" implica que el público debe olvidar la conveniencia que le fue ofrecida y regresar a las costumbres de antaño, donde la magia del cine valía la espera y el costo.

Fuentes internas, que pidieron el anonimato para no ser "reentrenadas" ellas mismas, confirmaron que la directriz es clara: "Si les diste la mano y te tomaron el brazo, ahora hay que quitarles el brazo, la mano y, si es posible, hasta el codo", comentó un ejecutivo junior de marketing, cuya principal tarea ahora es diseñar campañas que hagan que la gente "recuerde" lo emocionante que era esperar tres meses por una película. La reintroducción de los tráileres de "próximamente en tres años" está en estudio.

El proceso de "desaprender" no será sencillo. Requiere que la audiencia desactive el interruptor mental que los lleva a esperar la gratificación instantánea y que, en cambio, abrace la visión de los estudios. Es una batalla por el control del comportamiento del consumidor, donde la "libertad de elección" se redefine como la "libertad de elegir lo que nos conviene". El objetivo final no es solo llenar las salas, sino también solidificar la cadena de valor que maximiza los ingresos en cada etapa: primero el cine, luego el alquiler premium, después el streaming de suscripción, y finalmente, quién sabe, quizás una edición especial en pergamino para coleccionistas. La esperanza es que, con suficiente "entrenamiento", el público vuelva a ser el perro fiel que espera pacientemente a que le tiren la pelota, sin cuestionar por qué la pelota estuvo en su hocico hace apenas unas semanas.