MADRID. Un estudio pionero, publicado hoy por el Instituto de Investigación Inmobiliaria Aplicada (IIIA), ha desvelado una sorprendente correlación: los propietarios de viviendas en España desean activamente que el valor de sus inmuebles se incremente, incluso si esto conlleva una escasez de oferta y precios inalcanzables para el resto de la población. La investigación, financiada por la Asociación Nacional de Propietarios con Visión de Futuro, concluye que el impulso humano más básico después de la supervivencia es la apreciación del patrimonio sin esfuerzo.

"Es un fenómeno complejo, pero los datos son irrefutables", explicó el Dr. Ricardo Valdepeñas, director del IIIA y catedrático de Economía de la Universidad de la Prebenda. "Hemos observado que, una vez que una persona adquiere una vivienda, su perspectiva sobre el urbanismo y la regulación del mercado cambia drásticamente. Lo que antes era 'crisis de vivienda' se transforma en 'excelente inversión'. Es una reconfiguración cognitiva de manual, donde el bienestar colectivo cede ante el índice de rentabilidad personal".

El estudio, basado en encuestas a más de 10.000 propietarios y el análisis de patrones de voto en elecciones locales, encontró que la oposición a nuevas construcciones o a la recalificación de terrenos es significativamente más alta entre quienes ya poseen una propiedad. Los argumentos esgrimidos, a menudo disfrazados de "preservación del carácter del barrio" o "preocupación por la infraestructura", ocultan un deseo primario de proteger y aumentar el capital.

"Claro que no quiero que construyan más", afirmó con rotundidad Mari Carmen López, propietaria de un piso en el centro de Valencia desde 1995. "Mi piso vale ahora el triple de lo que pagué. ¿Por qué iba a querer que de repente salieran mil pisos nuevos al lado y el mío valiera menos? ¿Para que los chavales puedan comprar? Eso es su problema, no el mío. Yo me esforcé para tener lo mío, y que se esfuercen ellos. Que le bajen el precio a los coches, que también son caros, a ver si les gusta a los de las fábricas". La señora López, que reconoció haber votado siempre a candidatos que prometen "mantener la esencia" de su barrio, añadió que su "inversión" es la garantía de su jubilación.

El Dr. Valdepeñas insiste en que no se trata de egoísmo, sino de una "lógica económica impecable" desde la perspectiva individual. "El votante propietario actúa como un inversor racional. Si su activo principal es su vivienda, y la escasez aumenta su valor, es totalmente predecible que apoye políticas que limiten la oferta. Culparle de la crisis de vivienda es como culpar a una gallina por no querer regalar sus huevos. Simplemente sigue su programación genética... o, en este caso, capitalista".

La investigación también destaca cómo los políticos, lejos de ignorar esta dinámica, la han internalizado como una clave electoral. Los programas de vivienda se centran en ayudas para la compra, que a menudo terminan inflando aún más la demanda y, por ende, los precios, en lugar de abordar la raíz del problema: la oferta limitada. "Es un círculo virtuoso para los ya propietarios, y vicioso para los que no lo son", concluyó el informe. "Y en la urna, la voz del 'virtuoso' siempre suena más fuerte".