Una coalición internacional de defensores de los derechos de los animales ha presentado una denuncia formal ante la Santa Sede exigiendo la excomunión inmediata de los sacerdotes que promueven, asisten o bendicen corridas de toros. La respuesta de la curia no se ha hecho esperar: una comisión especial investigará si el ruedo puede ser considerado formalmente como una parroquia al aire libre con altar de arena.
El conflicto estalló tras la difusión de imágenes en las que varios párrocos asistían a ferias taurinas vestidos con sotana, bendiciendo las capas de los matadores y ofreciendo apoyo espiritual en el tendido. Para los colectivos ecologistas, la complicidad eclesiástica con la tortura animal resulta incompatible con la doctrina de la compasión universal. Para los sacerdotes implicados, la crítica solo demuestra una ignorancia supina sobre la teología del sacrificio y la eficiencia sacramental.
"Nos acusan de crueldad cuando en realidad estamos ofreciendo al bovino la única muerte con garantía de salvación en todo el reino animal", declaró el monseñor Fernando de la Concha, portavoz del recién formado Gremio de Párrocos Taurinos. "Un pollo de criadero muere sin confesión, hacinado en la oscuridad y sin un solo cántico litúrgico. El toro de lidia, en cambio, entra al ruedo bajo el sol y sale directamente hacia el juicio divino habiendo escuchado los clarines del Apocalipsis en vivo. Es un privilegio espiritual que cualquier oveja del Evangelio envidiaría".
Según la línea de defensa presentada ante la Congregación para la Doctrina de la Fe, la tauromaquia no es un espectáculo cruento, sino una metáfora visual del purgatorio donde el animal expía sus faltas terrenales —principalmente la soberbia de embestir al párroco local durante las fiestas patronales— antes de alcanzar el descanso eterno. Los clérigos argumentan que el castoreño del picador actúa como un instrumento de penitencia acelerada y que las puyas sustituyen con ventaja a los ejercicios espirituales tradicionales.
"La gente no entiende la profundidad Teológica del tercio de varas", explicó el obispo emérito Tomás Salgado durante una conferencia de prensa ofrecida a las puertas de la Plaza de Las Ventas. "Cuando el matador cita al toro de frente, le está ofreciendo la oportunidad histórica de reconciliarse con su Creador mediante el arte. Si el animal demuestra bravura, se le otorga el indulto, que es la versión taurina de la absolución plenaria. Si muere en la arena, lo hace habiendo recibido la extremaunción implícita del público, que pide sus orejas como reliquias segundas. Es una victoria pastoral en toda regla".
El Vaticano se encuentra ahora en una encrucijada doctrinal. Mientras algunos cardenales progresistas sugieren que San Francisco de Asís jamás habría vestido un traje de luces ni habría pedido la música de pasodoble para la agonía de un herbívoro, la fracción conservadora recuerda que los toros no pagan diezmo y que, por lo tanto, sus derechos canónicos son extremadamente limitados.
En las parroquias taurinas, la actividad no se ha detenido por la querella. Diversos párrocos ya preparan el itinerario de la próxima temporada estival, incorporando novedades litúrgicas como el aspersor de agua bendita de alta presión para la lidia a puerta cerrada y la sustitución de la hostia por obleas con forma de divisa taurina. Los defensores de los animales han amenazado con llevar el caso ante el tribunal de la razón humana, pero la Iglesia ha recordado amablemente que no reconoce esa jurisdicción desde el siglo XVI.
El informe final de la Santa Sede se hará público tras la feria de San Isidro, aunque fuentes cercanas al Palacio Apostólico aseguran que el Papa ya ha solicitado un capote blanco bordado en oro para comprobar de primera mano si el pase de pecho ayuda a canalizar las oraciones matutinas con mayor fluidez que el rosario tradicional.




