yungar, huancavelica. los votantes del distrito de yungar han elegido a su nuevo alcalde, hitler mussolini, confirmando que, para algunos, el pragmatismo local supera cualquier carga histórica o resonancia ideológica. la victoria del candidato del partido somos perú, que no es el primer hitler en la política peruana ni el único en un país con una fascinación peculiar por los nombres 'originales', ha sido recibida con la misma apatía con la que se recibe una subida de impuestos, o sea, ninguna. la gente ha hablado y su mensaje es claro: si trae el agua, que se llame como le dé la gana.

«¿hitler mussolini? bueno, es su nombre. si va a traer el agua y arreglar las carreteras, que se llame como quiera», comentó martha quispe, vendedora del mercado local, mientras pesaba unas papas. «aquí no vivimos de libros de historia, vivimos de que el camión de la basura pase a tiempo. y si el señor hitler mussolini lo logra, tendrá mi voto y el de mi familia para siempre. además, su cartel era grande y se veía bien. ¿qué más quieres de un candidato?» la simplicidad en el razonamiento de quispe encapsula el sentir de una buena parte del electorado, que parece valorar la visibilidad y la promesa tangible (aunque sea vaga) por encima de cualquier asociación histórica que haría temblar a un historiador promedio.

la elección del señor mussolini ha vuelto a poner de manifiesto la curiosa relación de perú con los nombres históricamente controvertidos. los expertos, es decir, cualquier persona con acceso a google y un mínimo de civismo, señalan que en ciertas zonas del país, los nombres de figuras mundiales, sin importar su legado genocida o autoritario, son adoptados con una ligereza sorprendente. desde 'osama bin laden' hasta 'lenin' o 'stalin', pasando por 'lucifer' y 'robocop', el registro civil peruano a veces parece un catálogo de personajes de novela distópica que, una vez castellanizados, pierden toda su maldad inherente y se convierten en el nombre de tu vecino, o peor aún, de tu alcalde.

el doctor alejandro sánchez, sociólogo de la universidad de la patagonia ficticia (upf), explica que el fenómeno es un reflejo de la 'disociación nominativa' que afecta a varias culturas latinoamericanas, especialmente en áreas rurales con limitado acceso a la educación histórica formal. 'nuestros estudios demuestran que, en contextos de baja alfabetización histórica y alta exposición a medios internacionales fragmentados y sensacionalistas, el significante del nombre se desvincula de su significado original y se reduce a una sonoridad, una novedad o, en el peor de los casos, a un error ortográfico en el certificado de nacimiento', explica sánchez. 'es decir, ven la palabra, les suena fuerte, o les parece exótico, y ¡zas!, ya tienes un hitler mussolini paseando por huancavelica. no es admiración por la ideología fascista, es pereza cerebral o, en el mejor de los casos, un intento fallido de originalidad con consecuencias a largo plazo para las consultas en wikipedia y la imagen del país en foros internacionales'.

los críticos internacionales, aquellos que viven en países donde llamar a tu hijo 'adolf' o 'benito' te valdría una visita de servicios sociales y una condena social perpetua, han levantado una ceja colectiva, o quizás dos. pero en yungar, la ceja no se ha movido, o si lo ha hecho, ha sido para indicar aburrimiento. '¿y qué problema hay?', pregunta pablo mamani, un agricultor que ha vivido toda su vida en la zona y cuyas preocupaciones diarias giran en torno al precio del guano y la temporada de lluvias. 'su nombre es más fácil de recordar que el de otros políticos que prometen mucho y no hacen nada. al menos, con él, sabes que no lo vas a olvidar. es un punto a su favor para la marca personal, ¿no? si cumple, su nombre será recordado por las obras, no por unos señores bigotudos del siglo pasado. ojalá se llame como se llame, sepa robar menos que los anteriores'.

mientras tanto, hitler mussolini ya ha declarado sus intenciones de gobernar para todos los ciudadanos de yungar, sin importar su inclinación política o su conocimiento de la segunda guerra mundial. y es que, al final del día, para el electorado peruano, un buen nombre puede ser un detalle curioso, un chiste interno, o simplemente el resultado de la imaginación de unos padres con acceso limitado a enciclopedias. la historia, al parecer, puede esperar; las obras públicas no. y la ironía, al parecer, es un concepto demasiado refinado para la política local.