la ciencia ha confirmado lo que muchos ya sospechaban: el medicamento para adelgazar Ozempic no solo reduce el apetito, sino también la molesta tendencia humana a sentir emociones. lo que algunos han llamado eufemísticamente "anhedonia", un nuevo estudio financiado por la Asociación Global de Productividad Incesante (AGPI) ha rebautizado como "optimización afectiva estratégica". según el informe, esta nueva capacidad permite a los usuarios operar con una eficiencia sin precedentes, despojados de la carga inútil de la alegría, la tristeza o el simple placer de existir.
"ya no nos distraemos con chismes de oficina, la belleza de un atardecer o el sabor de un buen churro", declaró la Dra. Elara Varela, directora de investigación de la AGPI. "nuestros sujetos de estudio, ahora maravillosamente delgados y vacíos por dentro, reportan una capacidad mejorada para concentrarse en tareas monótonas, cumplir plazos imposibles y, lo más importante, no cuestionar la vida capitalista que les hemos diseñado. es la evolución que el mercado exigía".
el fenómeno, que se había reportado inicialmente como un efecto secundario preocupante en foros de internet, ha sido rápidamente reencuadrado por las farmacéuticas como un "beneficio intangible" para la fuerza laboral moderna. se espera que, en breve, la falta de disfrute se incluya en la lista de características deseables para cualquier currículum vitae. un ejecutivo de una importante empresa tecnológica, que prefirió el anonimato pero se describió a sí mismo como "milagrosamente ligero, tanto de peso como de alma", comentó: "antes, una promoción me causaba una breve euforia. ahora, es solo un dato más en la hoja de cálculo de mi ascenso imparable. no hay tiempo para celebraciones. solo para el siguiente objetivo. y francamente, es un alivio no tener que fingir una sonrisa".
la ausencia de interés en pasatiempos, relaciones personales o incluso la comida –más allá de su función energética– ha sido identificada como un motor para la descarbonización de la huella emocional del individuo. "imaginen el tiempo y los recursos ahorrados al no tener que preocuparse por la felicidad ajena o propia", señaló un analista de mercado. "esto libera un ancho de banda mental crítico para métricas de rendimiento y la optimización del tiempo libre, que ahora puede dedicarse a la superación personal sin la interrupción de la realización personal".
los críticos, pocos y rápidamente ignorados, advierten sobre una sociedad de autómatas esbeltos, pero sus argumentos son fácilmente desestimados como "ruido emocional improductivo". de hecho, ya se están desarrollando nuevos wearables que miden la ausencia de respuesta emocional, calificándola como un indicador de "madurez profesional". el objetivo final es un ser humano tan afinado a las exigencias del mercado que su existencia misma se convierta en una operación impecablemente eficiente, desprovista de cualquier capricho o deleite, excepto quizás el ligero cosquilleo de una nueva transacción bancaria.




