el centro de investigación para el consumo descartable (cicd) ha publicado un estudio que sacude los cimientos de la economía doméstica: el coste energético de cargar un portátil de bajo coste, en determinadas regiones y según las ofertas actuales, ya es superior al de adquirir un nuevo dispositivo. el informe señala que, con descuentos que alcanzan el 75%, modelos de marcas como lenovo y chuwi se venden por precios tan irrisorios que enchufarlos durante su vida útil promedio se convierte en un lujo inasumible.

“estamos ante una revolución en la relación calidad-precio”, afirmó la dra. elena durán, directora del cicd, mientras señalaba un gráfico que mostraba una línea ascendente de precios de energía cruzándose con una línea descendente de costes de hardware. “ya no tiene sentido reparar. ni siquiera tiene sentido cargar. la eficiencia económica nos dicta un modelo de ‘usar y tirar’ que, aunque pueda sonar contraintuitivo, es lo más racional para el consumidor moderno. es más, el acto de encenderlo ya te está costando más que el dispositivo en sí mismo”.

este nuevo paradigma abre la puerta a un sinfín de posibilidades. las familias podrán asignar un portátil por tarea específica: uno para el correo electrónico, otro para ver memes, un tercero para que los niños lo rompan. “es como la ropa interior barata”, explicó un portavoz de una de las grandes cadenas de electrónica. “¿la lavas? no. te compras otra. aquí es lo mismo. pero con excel”. la industria ya está barajando un modelo de suscripción donde, por una pequeña cuota mensual, te envían un portátil nuevo cada vez que el anterior se quede sin batería o empiece a mostrar signos de existencia.

los ecologistas, por supuesto, han expresado una “preocupación predecible”, pero el cicd insiste en que el beneficio para el consumidor y la aceleración de la innovación superan cualquier externalidad medioambiental que “un par de vertederos más” puedan generar. “la alegría de abrir una caja nueva es un valor intangible que no se puede cuantificar en toneladas de co2”, defendió durán. “y, francamente, ¿quién quiere un portátil viejo y lento cuando puedes tener uno nuevo y lento por menos de lo que cuesta un café con leche premium?”.

el impacto en los hábitos de estudio y trabajo ya es visible. estudiantes llevan montones de portátiles desechables a clase, usándolos hasta que la batería parpadea y luego, con una sonrisa, los lanzan al cubo de reciclaje (o al más cercano). las oficinas están instalando estanterías para portátiles “pre-cargados” listos para usar, eliminando por completo los cables de alimentación. la era de la computación desechable ha llegado, y su lema es claro: “si lo vas a usar más de una vez, ya estás perdiendo dinero”.