En un movimiento audaz para redefinir el entretenimiento moderno, la televisión española ha lanzado un nuevo canal que promete la experiencia definitiva de "cero ofensas". José Miguel Contreras, la mente maestra detrás de esta iniciativa, ha garantizado que el objetivo primordial es crear un espacio donde nadie se sienta "ofendido, insultado o excluido". La novedad, sin embargo, es que para lograr tal hazaña, han eliminado cualquier contenido que pudiera remotamente evocar una opinión, una emoción o, de hecho, una presencia humana discernible.
"Hemos descubierto que la única manera de asegurar que nadie se sienta ofendido es eliminando la posibilidad de que alguien tenga una opinión sobre algo", declaró Contreras en la presentación, celebrada ante un grupo de espejos para no alienar a nadie con la visión de otras personas. "Cada imagen, cada sonido, cada microsegundo de nuestra programación ha pasado por el 'Filtro de Inocuidad Total'. Si un solo miembro del panel de 500 expertos en diversidad detectaba la posibilidad de que un atardecer pudiera ser interpretado como una crítica al amanecer, ese atardecer era desterrado".
La programación inicial incluye un bloque de 24 horas dedicado a variaciones cromáticas en tonos pastel, con un énfasis particular en el "beige inclusivo". Le sigue un segmento de "música de ambiente neutral" compuesta exclusivamente por el zumbido de un refrigerador desocupado, meticulosamente grabado para evitar cualquier ritmo que pudiera recordar a alguna cultura en particular. Los debates, que supuestamente eran el corazón de la oferta, han sido reemplazados por una pantalla que muestra la palabra "diálogo" en 47 idiomas, con el argumento de que "la verdadera discusión ocurre en el silencio interior de cada individuo".
Fuentes internas del canal, que prefirieron mantenerse en el anonimato por no querer ofender a sus colegas al revelar sus identidades, admitieron que el proceso de selección de contenido ha sido "excepcionalmente riguroso". "Una vez propusimos un documental sobre la vida de las piedras", explicó un programador exhausto. "Pero el equipo legal advirtió que la geología podría ser percibida como una imposición de la ciencia occidental, y que algunas culturas podrían sentirse invisibilizadas al no ver representadas sus creencias sobre la formación de los planetas. Tuvimos que archivarlo. Ahora solo mostramos una piedra genérica, sin contexto, flotando en el espacio digital".
El resultado es una experiencia televisiva tan pulcramente aséptica que, según los primeros informes de audiencia, ha logrado una tasa de ofensas del 0%, un logro sin precedentes. La contrapartida es que la tasa de visionado también ronda el 0%, ya que la mayoría de los espectadores han reportado "no notar que la televisión está encendida" o, en algunos casos, "confundir la pantalla con una pared sin pintar".
"Es un pequeño precio a pagar por la paz social", insistió Contreras, mientras los presentadores virtuales del canal, que consisten en nubes de partículas que cambian de forma lentamente, asentían en un acuerdo silencioso y sin compromiso. "Preferimos tener una audiencia que no existe, a una que se siente marginada por un programa sobre el pasto. El futuro del entretenimiento es no-entretenimiento; la participación, no-participación; el contenido, no-contenido. Es el 'no-televisión' que todos merecemos".
Los críticos, si es que queda alguno dispuesto a arriesgarse a ofender a la cadena, señalan que el canal ha descubierto la verdad más incómoda sobre la cultura de la cancelación: la única manera de no ofender a nadie es no decir nada en absoluto. Pero para entonces, ¿a quién le importaría? La nueva televisión de "cero ofensas" ha logrado su objetivo: el silencio total.



