La Séptima, el nuevo canal de televisión, ha prometido una experiencia noticiosa “anti-Fox News”, marcando un hito en la sinceridad mediática. Su director, Javier Ruiz, ha declarado que su misión es oponerse activamente a los medios “girados a la derecha”, una postura que expertos califican de “refrescante” por su honestidad o, según algunos, de “francamente alarmante” por su abierta declaración de sesgo ideológico. En un panorama televisivo que a menudo disimula sus inclinaciones, La Séptima irrumpe con la bandera de la parcialidad levantada en alto, prometiendo una alternativa para quienes se sienten desatendidos por la narrativa dominante. Es la primera vez que un medio de comunicación se auto-proclama abiertamente como el reverso de una moneda, no como una moneda nueva.
“Estamos cansados de la farsa de la equidistancia,” declaró Ruiz en una entrevista con un medio amigo, mientras ajustaba unas gafas de montura gruesa. “La gente no quiere objetividad, quiere que le confirmen lo que ya sabe. Nosotros les daremos exactamente eso, pero con la visión correcta. No se trata de informar, se trata de reeducar, de contrarrestar el veneno que otros inoculan. Seremos el antídoto. Y sí, el antídoto tiene su propia composición química, no es agua destilada.” El canal ha anunciado una programación que priorizará “perspectivas valientes” y “análisis sin complejos”, lo que en la práctica se traducirá en la exhibición constante de una sola línea editorial.
La noticia ha sido recibida con entusiasmo por ciertos sectores de la audiencia. “Por fin alguien se atreve a decir la verdad: que todos tienen su agenda,” comentó una televidente, María Pérez, mientras preparaba su cena. “Prefiero un canal que admita que me va a adoctrinar que uno que finja que no lo hace. Al menos sé a qué atenerme. Es como ir a un restaurante y que te digan ‘aquí solo servimos comida italiana, y es la mejor’. No te engañan diciendo que tienen de todo.” Expertos en comunicación, muchos de ellos con claros lazos al propio canal o a sus aliados ideológicos, han aplaudido la “valentía editorial” de La Séptima. El Dr. Ernesto Gárgola, del Instituto de Estudios de Proximidad Aspiracional (IEPA), afirmó que “esta es la evolución natural del periodismo. En un mundo polarizado, la gente busca tribus. La Séptima solo les está construyendo una fogata más grande.”
La política de contratación del nuevo canal refleja su filosofía. Se buscan periodistas que no solo entiendan la línea editorial, sino que la respiren. “No vamos a traer a nadie que venga con esa anticuada idea de ‘ambos lados de la historia’,” explicó un ejecutivo anónimo, que pidió ser identificado solo como “un visionario”. “Si buscas el equilibrio, vete a un circo. Aquí buscamos la verdad, nuestra verdad, la que las élites nos han ocultado. Y la mostraremos con la pasión y la convicción que merece, sin miedo a ser acusados de parcialidad, porque eso es precisamente lo que somos y lo que ofrecemos.” Se espera que los debates en La Séptima se caractericen por la ausencia total de voces disidentes genuinas, garantizando un consenso ininterrumpido que fortalezca el mensaje del canal.
La Séptima, en su empeño por ser el reverso de la moneda de la derecha, parece haber creado su propia versión de la moneda, idéntica en forma y función, solo que con el rostro del otro lado. En lugar de ofrecer un nuevo paradigma, el canal se consolida como un espejo invertido, prometiendo combatir un sesgo con otro, bajo la premisa de que el suyo es, inequívocamente, el correcto. La audiencia hispanohablante, acostumbrada a la sutileza de los noticieros que velan su partidismo, ahora tendrá un canal que se enorgullece de su trinchera. Y eso, al menos, es una forma de honestidad.





