CIUDAD DE MÉXICO – Ante la ineficiencia de los programas sociales gubernamentales, diversos cárteles de la droga en México han implementado una sofisticada estrategia de mercadotecnia para asegurar la lealtad de la población en las comunidades que controlan: obsequios de lujo falsificados y juguetes para niños. La táctica, bautizada internamente como “Lealtad o Plomo”, busca crear una conexión emocional a través de la gratificación material instantánea, en un giro perturbador del marketing de guerrilla.
Según un comunicado no oficial atribuido a “El Mercadólogo”, presunto jefe de estrategia de marca del Cártel de la Manzana, la clave no es solo la violencia. “La gente tiene necesidades, y el Estado no las cubre. Nosotros sí. ¿Un bolso Gucci, aunque sea pirata? Genera más apego que un discurso político vacío. Es una inversión a largo plazo en nuestro capital humano, entiéndase, nuestra base de operaciones y ojos en la calle”, habría declarado en un video filtrado, donde se le veía ajustando su gorra con el logo de un cártel estilizado. “El cliente satisfecho es nuestro mejor activo. Y si no está satisfecho, lo convencemos”.
Analistas de seguridad y economistas criminales, o como ellos se autodenominan, “consultores de participación de mercado ilícita”, señalan que esta estrategia es más rentable que el soborno o la coerción directa. “Es una cuestión de costo-beneficio,” explica el Dr. Armando Guerra, director del Instituto de Estudios de Proximidad Aspiracional (IEPA), una entidad conocida por sus controvertidos análisis sobre economía subterránea. “Un cargamento de juguetes tóxicos y réplicas de mala calidad es exponencialmente más barato que una balacera. Y el resultado, en términos de control social y minimización de resistencia, es el mismo, o incluso mejor. La gente agradece lo que percibe como un beneficio, aunque el beneficio venga de quien te oprime. Es una dinámica de amor-odio muy rentable.”
La distribución masiva de estos artículos se realiza con eficiencia militar, a menudo en eventos comunitarios organizados por los mismos cárteles, donde se proyecta una imagen de benefactor. Familias enteras reciben “ayudas” en forma de bolsos de imitación de marcas europeas, perfumes baratos y juguetes de plástico defectuosos, consolidando la percepción de que la verdadera autoridad, y generosidad, reside en las organizaciones criminales. Los beneficiarios, por su parte, se ven en la disyuntiva de aceptar regalos de manos ensangrentadas o sufrir las consecuencias de la 'deslealtad'.
Expertos sugieren que esta táctica podría evolucionar hacia programas de puntos, tarjetas de membresía VIP o incluso un “Black Friday del Narco”, donde la lealtad se premia con descuentos en productos ilícitos o una amnistía temporal en ciertas actividades. Mientras tanto, el gobierno sigue enviando informes, encuestas y promesas, sin comprender que la lealtad, en el bajo mundo, ya se compra con un poco de tela sintética y la promesa implícita de no desaparecer.


