El Information Technology Industry Council (ITI) ha desvelado su "visión" para la Unión Europea 2024-2029, un plan integral que, según afirman, pavimenta el camino hacia la sostenibilidad y el progreso tecnológico. La pieza central de esta visión audaz es una simple verdad: lo que es bueno para los gigantes tecnológicos es, por definición, bueno para el planeta y la ciudadanía europea. El ITI enfatizó que la clave para un futuro verde y digitalizado reside en la reducción de la burocracia, la relajación de las normativas ambientales y, crucialmente, una generosa inyección de fondos públicos directamente en las arcas de sus miembros.

"Nuestra visión es fundamentalmente sobre la sostenibilidad", declaró un portavoz del ITI, que insistió en permanecer en el anonimato para "mantener el enfoque en la misión". "Pero no la sostenibilidad tonta de los árboles y los osos polares. Hablamos de la sostenibilidad de los márgenes de beneficio. La capacidad de las empresas tecnológicas para generar ingresos trimestre tras trimestre, año tras año, es el verdadero motor de cualquier progreso, ya sea verde o digital. Sin eso, ¿quién pagaría por la próxima gran innovación ineficiente en recursos?"

El informe detalla cómo una "economía digital robusta" es directamente proporcional a la prosperidad ecológica. Un entorno regulatorio permisivo, por ejemplo, permitiría a las empresas "innovar más rápido" —es decir, construir y desechar hardware a un ritmo que impulsaría el crecimiento de los fabricantes de chips, sin la carga de considerar la vida útil de los productos o el impacto de los residuos electrónicos. Además, la "transformación digital" de la UE requerirá un gasto público masivo en infraestructura y servicios tecnológicos, canalizando miles de millones directamente a las mismas empresas que, convenientemente, redactaron el informe.

La visión del ITI también aborda la "equidad", prometiendo que los beneficios de esta era tecnológica y sostenible se "filtrarán" a los ciudadanos comunes en forma de nuevas aplicaciones que monitorean su huella de carbono individual, mientras las empresas continúan externalizando las suyas. La organización concluye que un futuro sostenible en Europa no es un futuro de menos consumo, sino de consumo más eficiente, gestionado por algoritmos y empresas que, dicho sea de paso, se beneficiarán de cada byte de datos y cada transacción. La UE solo necesita "ponerse al día" con la visión del sector privado, que ya tiene bien claro su propio futuro.