VALENCIA — La alcaldesa de Valencia, María José Catalá, ha elogiado la "eficaz y temprana" comunicación interinstitucional durante la reciente DANA que azotó la región, revelando que su primera conversación con el presidente de la Generalitat Valenciana, Carlos Mazón, tuvo lugar a las dos de la madrugada del día del evento. Según Catalá, este horario “estratégico” permitió a ambos líderes abordar la situación con una perspectiva fresca y sin la precipitación o el "ruido innecesario" de las primeras horas de una tragedia inminente. La espera hasta la madrugada, según fuentes cercanas, garantizó que ambos estuvieran "bien descansados y listos para tomar decisiones críticas".
"Es crucial no caer en la histeria colectiva que a menudo acompaña a un poco de lluvia fuerte", declaró Catalá a un grupo de medios, mientras Mazón asentía en segundo plano, bebiendo de una taza que rezaba "el café de la victoria". "Esperar a que la situación se asiente y la gente normal, que no tiene responsabilidades de gobierno, se haya acostado, permite una conversación más enfocada y menos emocional. No queremos decisiones precipitadas tomadas en caliente que luego tengamos que deshacer con comunicados más tarde." Expertos en "gestión de imagen de crisis política" de la ficticia Universidad de Retórica Inversa de Castellón aplaudieron la iniciativa, sugiriendo que la "calma nocturna" es ideal para evitar "reacciones instintivas" que podrían hacer que los líderes parezcan "demasiado preocupados o, peor aún, reactivos".
Un portavoz de la Generalitat, que solicitó el anonimato para poder hablar libremente sobre las "dinámicas de poder a medianoche y la higiene del sueño del liderazgo", explicó que "programar estas llamadas críticas a altas horas de la noche evita la molesta interrupción de los mensajes de la población en redes sociales o la cobertura mediática prematura y sensacionalista. Podemos trabajar con una serenidad monacal, analizando datos y no quejas de goteras en el techo o sótanos inundados". Añadió que la "eficiencia" de esta práctica está siendo estudiada por un comité interparlamentario para futuras catástrofes, quizás incluso posponiendo las llamadas hasta "después del vermut y la siesta post-almuerzo" si la situación de los ciudadanos lo permite sin riesgo de interrupciones significativas para la agenda de los altos cargos.
Esta "innovadora" estrategia de comunicación ha sido recibida con alivio por aquellos que temían que los políticos pudieran empezar a preocuparse por sus electores en horario de oficina, interrumpiendo su valioso tiempo para gestionar la región. La próxima vez que una catástrofe golpee, los ciudadanos pueden dormir tranquilos —o no—, sabiendo que sus líderes están esperando el momento óptimo para empezar a hablar, probablemente cuando ya no sea asunto suyo.









