bruselas ha revelado su última obra maestra legislativa, la flamante "ley industrial europea", una iniciativa que, según sus creadores, impulsará la competitividad y la innovación en el continente. la comisión europea insiste en que esta ley es pura y llanamente una medida para fortalecer la base manufacturera, y cualquier similitud con una política climática agresiva es pura coincidencia o un feliz accidente. los expertos de la ue han trabajado incansablemente para asegurar que el lenguaje del documento sea lo suficientemente genérico como para no activar las alarmas de aquellos que no quieren oír la palabra "verde" antes del café. es un testamento a la capacidad burocrática de enmarcar una verdad incómoda dentro de un eufemismo industrial convincente.
"esta ley es estrictamente sobre la industria", declaró un portavoz anónimo de la comisión, limpiándose nerviosamente la frente. "no tiene absolutamente nada que ver con reducir emisiones, fomentar energías renovables o descarbonizar la economía. quizás un poco, pero solo en la medida en que una industria más fuerte, por casualidad, resulte ser más eficiente y menos contaminante. es un efecto secundario deseable, no la intención principal. ¿quién querría una política climática directa cuando puedes etiquetarla como 'industrial' y obtener los mismos resultados sin el molesto debate?" añadió que la nueva normativa incentivará, entre otras cosas, la fabricación de turbinas eólicas, paneles solares y baterías eléctricas, todo ello bajo el paraguas de "innovación industrial".
el documento de 300 páginas está salpicado de referencias a "nuevas cadenas de valor", "ventaja competitiva estratégica" y "resiliencia de la cadena de suministro", términos que, cuando se decodifican, significan subsidios masivos para empresas que prometan dejar de quemar cosas y empezar a enchufar otras. se ha observado que cada mención de "mejorar la eficiencia de la producción" viene acompañada de una nota a pie de página invisible que dice: "…y reducir drásticamente tu huella de carbono, ¡pero shhh!". los críticos, en su mayoría ciudadanos con acceso a internet, han señalado la obviedad del disfraz, comparándolo con un niño usando una sábana con dos agujeros para los ojos para hacerse pasar por un fantasma.
"hemos logrado un equilibrio perfecto", explicó un alto funcionario de la dirección general de acción climática, hablando bajo condición de anonimato desde la cafetería de la comisión. "el truco es hacer que parezca que apoyamos a las empresas, mientras que en realidad las obligamos a volverse verdes. es win-win: las empresas obtienen dinero, nosotros obtenemos la reducción de emisiones, y los votantes piensan que cuidamos la economía. es brillante. si hubiéramos llamado a esto 'ley de reducción obligatoria de co2', la gente habría protestado. pero 'ley industrial'... ¿quién puede oponerse?" subrayó que la clave es mantener una cara seria y repetir "crecimiento" con suficiente frecuencia.
así, mientras bruselas se congratula de su astucia, los observadores se preguntan si la próxima "ley de fomento de la nutrición" será una forma encubierta de obligar a la gente a comer más verduras. al final, lo único que queda claro es que la ue está convencida de que, con suficiente jerga burocrática, puede engañar a algunos de sus ciudadanos todo el tiempo.









