Un nuevo informe de la Asociación Global de Capital Sostenible (AGCS) revela que, en tiempos de recesión económica y volatilidad geopolítica, las "tecnologías verdes" están siendo reevaluadas con una nueva y refrescante honestidad. La prioridad corporativa se ha desplazado discretamente de la preservación planetaria a la más inmediata: la preservación de la hoja de resultados. Las iniciativas ecológicas que no demuestren un retorno de inversión inmediato se encuentran ahora en "pausa estratégica" indefinida, o en términos menos diplomáticos, en el cubo de reciclaje de ideas que parecían buenas en papel.
"No estamos abandonando la sostenibilidad, la estamos optimizando," aclaró Carlos 'El Carbono' Méndez, CEO de Eco-Fusión S.A., una empresa que recientemente pospuso su proyecto de turbinas eólicas por una nueva línea de excavadoras diésel de mayor capacidad. "Simplemente la estamos redefiniendo para que se alinee con la realidad de nuestros accionistas. ¿De qué sirve salvar la capa de ozono si no puedes pagar el bono de Navidad o los dividendos trimestrales? Es una cuestión de prioridades pragmáticas. Primero hay que tener una empresa robusta para poder hacerla 'verde' en el futuro. Es como apagar un incendio con gasolina para poder regar el jardín cuando ya no quede nada que quemar, pero ecológicamente responsable a largo plazo." Esta perspectiva se ha convertido en el nuevo estándar de la industria, especialmente entre aquellos que enfrentan balances ajustados.
La Dra. Amelia "Eco-Pragmática" Soto, investigadora principal del Instituto de Sostenibilidad de Beneficios (ISB), señaló que "nuestros estudios demuestran que el 98% de los directivos considera que la Tierra es un recurso finito, pero el 100% considera que el capital también lo es, y el último es mucho más urgente de reponer. La llamada 'economía verde' es fascinante hasta que las cuentas están en rojo. Es entonces cuando la verdadera 'economía gris' entra en juego, y es sorprendentemente eficiente en la maximización de los beneficios, aunque sea a corto plazo, y a menudo, también a largo." Su instituto aboga por un enfoque "sosteniblemente rentable", que, según la Dra. Soto, implica "elegir entre lo malo y lo ligeramente menos malo, pero siempre con un ojo en el EBITDA, o al menos, en evitar la bancarrota."
Esta nueva y valiente honestidad corporativa ha sido recibida con un alivio palpable por muchos inversores, cansados de los interminables informes de impacto ambiental que, según ellos, restaban valor al "verdadero" impacto: el financiero. Se espera que la tendencia continúe, con empresas invirtiendo en "tecnologías verdes" más rentables que pueden incluir desde sistemas de filtrado de gases que aumentan la eficiencia de las fábricas de carbón hasta paneles solares instalados sobre los tejados de nuevas megatiendas construidas en lo que antes eran humedales protegidos. Al fin y al cabo, el crecimiento económico es el motor de todo, y la prosperidad es la forma más sostenible de garantizar que haya alguien que se preocupe por el planeta mañana.
La principal conclusión para el sector es inequívoca: en tiempos inciertos, la única "tecnología verde" que realmente importa es aquella que garantiza que la empresa siga existiendo para poder, quizá, contaminar otro día con el beneplácito de los mercados, o al menos, sin levantar sospechas indebidas.






