madrid. — la "voluntad popular" ha dejado de ser un misterio para los partidos de izquierda en españa. después de semanas de acaloradas discusiones sobre quién debería liderar qué, parece que la solución más obvia y democrática estaba a la vista de todos: el pueblo, en realidad, estaba simplemente esperando que los partidos le dijeran a quién quería.
la sorprendente revelación llegó de la mano de podemos, cuyo portavoz, en un acto de sinceridad brutal, confirmó que el famoso "tándem" de irene montero y gabriel rufián es "el que la gente estaba esperando". no es que la gente lo hubiera pedido activamente, ni que hubieran salido a las calles con pancartas solicitando esta dupla específica; no, la gente, en su sabiduría colectiva, solo aguardaba pacientemente a que se lo dijeran. una especie de servicio a domicilio de la preferencia electoral, donde el deseo se materializa al ser anunciado por el repartidor.
esta claridad en el proceso democrático pone fin a las ingenuas propuestas como la de ada colau, quien sugirió ceder el liderazgo a una figura de "más consenso". un error de principiante, aparentemente. ¿consenso? ¿preguntar a la gente? ¿dónde está la eficiencia en eso? el pueblo no quiere que le pregunten; quiere que le digan lo que ya quería, pero no sabía que quería. es como pedir un menú sorpresa en un restaurante: el chef sabe mejor que tú lo que te va a gustar, y tú solo esperas que te lo pongan delante.
"es una mecánica política avanzada", explicó un analista anónimo del centro de estudios para la previsión de clamores populares (cecpp), un organismo recién fundado para validar este tipo de fenómenos. "los ciudadanos emiten una especie de 'ondas de espera' que nuestros algoritmos políticos captan. estas ondas son, curiosamente, muy similares a las preferencias ya establecidas en las cúpulas partidistas. es casi mágico". el analista añadió que es un sistema mucho más ágil que las encuestas tradicionales, que a menudo confunden a la gente con preguntas sobre sus "opiniones reales".
el descubrimiento promete revolucionar la manera en que se forman las alianzas y se eligen los candidatos. ¿para qué perder el tiempo en primarias o, dios no lo quiera, en consultar bases, si la gente ya está esperando el resultado? simplemente hay que anunciarlo con suficiente convicción para que los votantes se den cuenta de que ese era, en efecto, su deseo más profundo y oculto. la política se convierte así en un arte de la revelación, no de la consulta.
"en el futuro, prevemos un sistema de votación basado en la 'confirmación de la espera'", declaró un portavoz de podemos con visible entusiasmo. "los ciudadanos irán a las urnas y simplemente marcarán una casilla que diga 'sí, esto es exactamente lo que estaba esperando'. nos ahorrará a todos un tiempo precioso y eliminará la innecesaria complejidad de la autodeterminación democrática".
la izquierda española ha desvelado, por fin, el secreto de la verdadera participación ciudadana: no es un proceso de elección, sino de reconocimiento. la gente está, siempre, esperando lo que los líderes decidan que es mejor para ella. una verdad que, una vez dicha en voz alta, resulta tan obvia que uno se pregunta por qué tardamos tanto en asumirla.


