SALT LAKE CITY, UTAH — La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días ha anunciado un ambicioso plan de expansión inmobiliaria que, según sus líderes, no solo busca preparar el camino para la segunda venida, sino también para una tercera o cuarta fase de desarrollo de complejos de uso mixto. Fuentes internas sugieren que el diezmo, antes destinado a obras de caridad y templos, ahora se gestiona como un fondo de inversión soberano, con un enfoque particular en zonas con proyecciones de crecimiento inmobiliario “divinamente inspiradas”.
El crecimiento de la Iglesia en el sector inmobiliario ha sido tan meteórico que algunos analistas de Wall Street ahora la consideran un jugador dominante en varios mercados clave, superando a menudo a los fondos de capital privado más agresivos. “Cuando la Biblia habla de construir sobre roca, asumimos que se refería a suelo edificable con alta liquidez”, declaró el élder Marvin K. Jensen, Director de Activos Tangibles para la Iglesia, en una conferencia de prensa que se celebró en un nuevo centro comercial propiedad de la congregación. “Nuestras revelaciones más recientes nos han guiado hacia terrenos con zonificación favorable y una excelente ubicación en arterias principales, un verdadero milagro de planificación urbana.”
De acuerdo con un estudio reciente del Instituto de Estrategias Patrimoniales Sagradas, un brazo de investigación de la propia Iglesia, se ha encontrado una correlación directa entre la fe inquebrantable de sus miembros y el aumento exponencial del valor catastral de sus propiedades. “Nuestros datos demuestran que la oración es eficaz, especialmente cuando se combina con una agresiva estrategia de adquisición de terrenos y desarrollo”, explicó la Dra. Abigail Thorne, jefa de investigación del instituto. “Es una sinergia perfecta: más feligreses significa más diezmos, que se invierten en más propiedades, que a su vez atraen a más feligreses, creando un ciclo virtuoso de crecimiento espiritual y financiero.”
Se rumorea que los misioneros, además de predicar el evangelio, ahora reciben capacitación en análisis de mercados y negociación de bienes raíces. Se les instruye para identificar “oportunidades divinas” en parcelas vacías o edificios infrautilizados. “Ya no se trata solo de salvar almas, sino también de salvar el valor del suelo”, comentó un joven misionero en Utah que pidió anonimato, mientras revisaba una tabla de proyecciones de rentabilidad en su tablet. “El Señor trabaja de maneras misteriosas, y a veces esas maneras involucran opciones de compra y venta de terrenos en desarrollos suburbanos.”
Con una cartera de propiedades que abarca desde centros comerciales y edificios de oficinas hasta ranchos agrícolas y proyectos residenciales, la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días ha redefinido lo que significa “tener fe”. Ya no se limitan a construir templos para el culto; ahora construyen imperios que aseguran su prosperidad terrenal con una eficiencia que solo puede ser descrita como… celestial. Algunos críticos sugieren que, con esta estrategia, la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días ya no solo promete la vida eterna, sino también la capitalización anual, convirtiéndose en el fondo de cobertura definitivo con una sección de teología.


