madrid — En un movimiento que muchos analistas de mercado consideran la estrategia de adquisición de clientes más patética y predecible de la década, la presidenta del Banco Santander, Ana Botín, y el presidente de Mercadona, Juan Roig, fueron vistos "conectando" con el famoso youtuber IShowSpeed en un partido de fútbol.
Testigos presenciales confirmaron que el dúo de titanes empresariales no solo buscaba una foto con el creador de contenido, sino que Botín aprovechó la oportunidad para lanzarle un discurso de ventas sobre las ventajas de Openbank, la filial digital de su banco. La conversación, captada en video, mostró a Botín, con la intensidad de un comercial de tiempo compartido, instando al youtuber a “abrir una cuenta” con su institución.
"No estamos vendiendo banca, estamos vendiendo experiencias," declaró Botín en un comunicado posterior, que su equipo de redes sociales aseguró que se "sintió muy orgánico". "Y qué mejor experiencia que una cuenta sin comisiones mientras celebras un gol. Es disruptivo. Es auténtico. Es viralizable. Es el futuro de la banca, un cliente a la vez, preferiblemente uno con millones de suscriptores jóvenes que no entienden los tipos de interés."
Expertos en marketing corporativo elogiaron la audacia de la táctica. "La Generación Z ya no confía en los anuncios de la tele," explicó la Dra. Clara Vidal, de la consultora 'Verdad Incómoda'. "Pero si ven a una multimillonaria de 63 años abordando a su ídolo de 19 en un evento deportivo, y le pide una foto antes de empujarle un producto financiero, eso no es 'publicidad'. Eso es 'contenido'. Y el contenido, si es suficientemente humillante para el ejecutivo, es rey."
Por su parte, Juan Roig de Mercadona, cuya participación se limitó principalmente a la foto, fue visto asintiendo en señal de aprobación, probablemente calculando la próxima vez que podría emboscar a un influencer para promocionar su marca de yogures.
La indignidad de los líderes empresariales más poderosos de España, reducidos a mercaderes callejeros de cuentas bancarias gratuitas en un intento desesperado por eludir los bloques de anuncios, demuestra el nuevo pináculo de la "conexión auténtica" con la juventud: la súplica pública.






