DAYTON, OH — La Comedia Dinner Theatre ha logrado una hazaña única con su producción de 'Charlie y la Fábrica de Chocolate', logrando que el buffet de costillas de cerdo y las bandejas de ensalada brillaran más que cualquier boleto dorado. Los críticos locales, mayormente compuestos por abuelas que esperaban la ensalada de col y parejas en su primera cita de los últimos quince años, han elogiado unánimemente la puntualidad del servicio de bebidas y la temperatura de los rollos, elementos 'cruciales para la inmersión total', según un asistente.
La verdadera maravilla de la fábrica de Wonka, en esta particular encarnación, parecía residir en la estación de postres. El río de chocolate, una vez una fantasía líquida y peligrosa, se manifestaba convenientemente como un dispensador de sirope de chocolate caliente al lado del helado de vainilla y las migas de galleta. Los niños, y algunos adultos, se acercaban con entusiasmo a este torrente dulce, ignorando por completo al actor que luchaba por recitar un monólogo de Augustus Gloop a pocos metros de distancia. Los Oompa Loompas, por su parte, demostraron una versatilidad impresionante, alternando entre coreografías rítmicas y la recogida de platos sucios entre actos, una 'experiencia interactiva sin precedentes', según el programa.
Una espectadora, Mildred Jenkins, de 78 años, comentó mientras terminaba su tercer trozo de tarta de melocotón: 'La verdad es que no recuerdo bien lo de los 'siete niños afortunados' o como fuera, pero este pudín de chocolate, cariño, este pudín es de oro puro. Y los asientos son bastante cómodos, considerando'. Su marido, Earl, asintió vigorosamente, limpiándose la boca con la servilleta. 'El pollo frito estaba un poco seco, eso sí. Pero el joven que hacía de Wonka, tenía una voz... adecuada para cantar mientras uno mastica'.
El director artístico, un hombre visiblemente agotado llamado Gary Peterson, defendió la elección creativa. 'Siempre hemos creído en una experiencia teatral completa. Y completa, para nosotros, significa que nadie debería pasar hambre ni por un segundo mientras ve a un niño inflarse en un arándano gigante. La tensión dramática es importante, claro, pero un estómago vacío es el verdadero enemigo de cualquier obra de arte. Hemos descubierto que el público es mucho más receptivo a la moral de la historia después de un generoso segundo plato. Es ciencia'.
Al final, el público se fue no con la cabeza llena de sueños de dulces, sino con la panza llena de carne de res y el recuerdo de una noche donde el arte, una vez más, cedió gentilmente su lugar a la gastronomía. El teatro puede ser efímero, pero las calorías son eternas.


