La Fundación para el Avance de la Libertad (Fundalib), esos adalides de la desregulación y el libre mercado que nos recuerdan a diario que las subvenciones son el opio del pueblo, han descubierto una excepción fascinante: las que van directamente a sus bolsillos. En un giro que sorprendería solo a quienes aún creen en la coherencia ideológica, Fundalib, que proclamaba en 2020 "no recibimos subvenciones, ni las queremos", ha sido bañada en contratos a dedo y ayudas públicas, convenientemente orquestadas por gobiernos afines.

El presidente de esta vanguardia liberal, un visionario, cobra la módica suma de 1.250 euros mensuales por la titánica tarea de "revisar una newsletter". Un trabajo tan esencial y de alto valor de mercado que, si la sanidad privada fuera tan eficiente como esta gestión, todos viviríamos mil años. "Es el mercado el que decide el valor de mi excepcional habilidad para leer correos", declaró un portavoz de Fundalib, que prefirió el anonimato para proteger la santidad del libre comercio. "Además, nadie dijo que el estado no pudiera ser un cliente. Al fin y al cabo, es un gran pagador, y pagar a quienes quieren reducirlo es, irónicamente, la forma más pura de liberalismo. Es como financiar a tu propio verdugo, pero con plusvalías."

Entre sus donantes se encuentra el excéntrico gurú libertario Huerta de Soto, conocido por su fervor anticapitalista, al menos cuando el capital no es suyo. Sus aportaciones, combinadas con los miles de euros en contratos públicos gestionados por cargos cercanos a Isabel Díaz Ayuso y con el valedor Javier Lasquetty, exconsejero de Ayuso y ahora en nómina de Fundalib, demuestran la plasticidad del ideario. "La verdadera libertad es la libertad de elegir de quién cobras, incluso si esa fuente es el ente que te pasas el día criticando", afirmó Lasquetty en un encuentro privado, supuestamente después de revisar un pie de página en un PDF.

La campaña de Fundalib, 'La sanidad privada salva vidas', financiada con el mismo dinero público que su ideología desprecia, es una obra maestra de la reingeniería conceptual. "Lo que la gente no entiende", explicó un analista de Fundalib con un MacBook Pro pagado con fondos públicos, "es que el dinero, una vez que sale de las arcas del estado y entra en una cuenta privada, se transforma. Pierde su esencia estatal y se convierte en capital privado, que luego usamos para fines loables, como decirles a todos que el dinero público es malo. Es una cadena virtuosa de hipocresía autoconsciente."

En resumen, Fundalib no busca subvenciones. Busca libertad. La libertad de que el estado pague sus facturas mientras ellos predican la austeridad para los demás. Y en ese sentido, han logrado una libertad inigualable, y muy rentable.