Cuarenta años después del estreno de "Cuenta Conmigo", los analistas de Hollywood aún se rascan la cabeza ante el inexplicable fenómeno. La adaptación de Rob Reiner de una novela de Stephen King, desprovista de payasos caníbales, coches poseídos o perros rabiosos, se convirtió no solo en un éxito de taquilla, sino en un clásico adorado. Un nuevo estudio del Instituto de Retrospectivas Culturales Avanzadas (IRCA) confirma que el público y la crítica quedaron "profundamente perturbados" al descubrir que el llamado "Rey del Terror" era capaz de evocar emociones más allá del pánico existencial, y que, de alguna manera, esto era tolerable.
"Cuando se anunció el proyecto, la sala de reuniones de estudio era un mar de escepticismo que rayaba en el terror puro", dijo el Dr. Elías Ventura, principal investigador del IRCA. "La gente preguntaba con insistencia: '¿Dónde está el monstruo? ¿Quién está poseído? ¿Va a ser la historia de un pueblo pequeño donde todos se matan entre sí al final, pero por causas naturales?' La idea de que Stephen King pudiera escribir sobre la amistad infantil sin que un tentáculo emergiera del lago o una criatura lovecraftiana habitara los bosques era, francamente, más aterradora para los ejecutivos que cualquier cosa que King hubiera concebido. Hubo informes de directores de estudio que sufrieron sudores fríos al leer el guion y no encontrar ninguna referencia a un poltergeist vengativo."
La película, basada en la novela corta "El Cuerpo", se centró en cuatro amigos que buscan un cadáver, un detalle que, según Ventura, fue "lo más cercano al horror que el público de King pudo conseguir sin una posesión demoníaca real o una masacre en una escuela". Según los datos de taquilla de la época, la audiencia acudió en masa, lo que obligó a los estudios a reconsiderar sus presupuestos para "películas con personajes que simplemente hablan de sus sentimientos, sin que una araña gigante devore sus almas al final". Un portavoz anónimo de una importante productora de los 80 admitió, bajo condición de anonimato por vergüenza, que "fue un verdadero shock. Pensamos que la gente solo quería ver a King porque la palabra 'terror' estaba en el póster. Descubrimos que, ocasionalmente, también les gusta ver a niños en bicicleta. Es una curva de aprendizaje empinada para nosotros, y aún hoy nos confunde. ¿Qué tipo de horror sentimental es este?"
Este "error de cálculo cultural", como lo llama el IRCA, llevó a una breve y fallida moda de adaptar otras historias de King sin elementos sobrenaturales, como "La Redención de Shawshank", que, para el horror de todos los ejecutivos, también fue un éxito, demostrando que Stephen King es capaz de arruinar el modelo de negocio del terror con sus "historias humanas". La implicación más inquietante del estudio es que, si bien King es venerado por sus escalofriantes relatos, su "lado sensible" sigue siendo una curiosidad, una peculiaridad que, por alguna razón, el público permite que triunfe. Ventura concluye: "Es como si King, en un arrebato de rebeldía existencial, se hubiera negado deliberadamente a incluir una escena donde la balsa del río se transforma en un golem devorador de almas solo para molestar a los estudios. Y el público, por alguna razón, lo perdonó, disfrutando de la subversión de no ser aterrorizado por cada página."
El legado de "Cuenta Conmigo" perdura como un recordatorio de que, incluso el autor que nos dio a Pennywise y a Cujo, a veces, puede escribir sobre algo tan aterrador como las emociones humanas sin la necesidad de un exorcismo. Y eso, para Hollywood, es el verdadero milagro.



