El archipiélago canario se encuentra en vilo tras una serie de comunicados gubernamentales que han sacudido los cimientos de la percepción climática. El Gobierno de Canarias, en un movimiento que muchos califican de audaz y revolucionario, ha actualizado la situación para pasar a "alerta por temperaturas máximas", confirmando así una sospecha que, para algunos isleños, rondaba en el ambiente desde hacía semanas: hace calor. Y es verano.

La noticia ha generado un torrente de reacciones. La consejera de Aclimatación Popular y Gestión de la Sudoración, Pura Brisa, compareció ante los medios con un abanico y un semblante grave: "No podíamos quedarnos de brazos cruzados mientras el termómetro escalaba, casi como si estuviéramos en una zona tropical en plena canícula. Era nuestro deber cívico informar a la población de que, en efecto, el sol quema y el asfalto friega huevos con poco aceite. Hemos activado todos los protocolos imaginables, desde el 'Alerta Naranja por Exceso de Factor 50' hasta el 'Nivel Rojo de Prohibición de Abrigos de Lana'". Brisa añadió que se está estudiando la posibilidad de declarar el estado de emergencia por "síndrome de la toalla pegada al asiento".

Expertos en obviedad climática han aplaudido la iniciativa. "Es fundamental recordar a la ciudadanía que la sensación térmica es, sorprendentemente, una sensación. Y que cuando el aire sahariano cargado de arena decide visitarnos, es posible que no estemos ante una brisa fresca de pino", explicó el Dr. Clotario Sudor, catedrático de Termodinámica Recreativa de la Universidad de La Laguna. "Mis estudios preliminares sugieren una correlación directa entre el calor y el aumento del deseo de un chapuzón. Es un campo de investigación prometedor".

Mientras tanto, los ayuntamientos no se quedan atrás. El de Las Palmas de Gran Canaria, por ejemplo, ha activado la alerta por riesgo de incendios forestales, un paso lógico y preventivo que no habría podido llevarse a cabo sin la previa constatación gubernamental de que "hace calor". Un portavoz municipal, quien prefirió no ser nombrado mientras sorbía un granizado, comentó: "No queremos alarmar, pero un fuego es como el calor: se nota. Y si no avisamos de que hace calor, ¿cómo van a saber los pinos que no deben arder espontáneamente?". Se espera una campaña de concienciación con lemas tan impactantes como "Si hace calor, no enciendas fuego" o "El sol es una estrella, no una barbacoa".

En definitiva, Canarias se prepara para sufrir, pero lo hace con una información privilegiada: sabe que hace calor. Los ciudadanos, ahora debidamente alertados, pueden tomar medidas. O, como poco, sudar con la tranquilidad de saber que su sufrimiento ha sido oficialmente reconocido y catalogado por las más altas esferas burocráticas del archipiélago. La pregunta que queda en el aire, caliente y pegajoso, es qué hará el Gobierno cuando descubra que, además del calor, hay mosquitos en verano. La expectación es máxima.