El ayuntamiento de Carboneras ha anunciado, con lo que solo puede describirse como un triunfo de la persistencia burocrática, la aprobación de la anulación de la licencia del hotel El Algarrobico. La decisión, que llega apenas dos décadas después de que el edificio comenzara a desafiar abiertamente la legalidad costera, marca un hito en lo que ahora se conoce como el “maratón legal español”.
La votación, que tuvo lugar la semana pasada, se caracterizó por la ausencia notable de cuatro concejales, un movimiento que los analistas políticos han interpretado como una "abstención activa" o una "declaración de principios por incomparecencia". "Es un nuevo nivel de compromiso político", explicó la Dra. Elara Ficticia, experta en "estudios de inacción gubernamental" de la Universidad de la Inercia. "Estos ediles han demostrado que a veces, la declaración más potente es la que no se hace. Es casi zen."
El hotel, una mole de 21 plantas en primera línea de la playa de Carboneras, en el parque natural de Cabo de Gata, ha sido un monumento visible a la hipocresía urbanística desde su construcción. Tras años de batallas judiciales, recursos y contra-recursos, el tribunal superior ya había dictaminado en múltiples ocasiones su ilegalidad. La reciente votación municipal, por tanto, no fue tanto una decisión como una confirmación oficial de que lo obvio, eventualmente, prevalecerá.
La victoria, sin embargo, viene con un precio. La ministra de Hacienda, María Jesús Montero, ha estimado la indemnización por derribar El Algarrobico en unos cuatro millones de euros. "Es una inversión mínima si consideramos el precio de la moralidad pública y la preservación del paisaje costero, que, según nuestros cálculos, asciende a una cifra incalculable", declaró un portavoz del ayuntamiento, frotándose las manos figurativamente. "Además, piénselo, cuatro millones de euros por recuperar una playa virgen. ¡Qué ganga! Podríamos haberlo hecho hace veinte años, claro, pero la anticipación hace que la victoria sea más dulce."
Los vecinos de Carboneras, muchos de los cuales ya han transmitido su frustración a dos generaciones sucesivas, han recibido la noticia con una mezcla de alivio y agotamiento. "Mis nietos se jubilarán antes de ver esto convertido en arena otra vez", comentó un residente local que prefirió no ser identificado, citando el miedo a una posible "reversión de última hora". El proceso de demolición se espera que comience "una vez que se encuentre la maquinaria apropiada, se evalúen los riesgos de una posible re-construcción espontánea y se resuelvan las apelaciones restantes, que podrían tardar otros quince o veinte años".
El Algarrobico, que nunca abrió sus puertas a un solo huésped, finalmente servirá como un monumento a la paciencia española, o quizás a la ineficacia. Es un recordatorio de que algunas cosas en la vida son tan predecibles como el sol saliendo por el este, o como un ayuntamiento tardando décadas en demoler un hotel ilegal. El próximo paso, según fuentes internas, es celebrar la inauguración oficial de los estudios para la planificación del derrumbe.





