El ejecutivo de Dell, Dr. Elbert C. Blather, ha elogiado públicamente a Kroger por su "pragmática flexibilidad" al no cumplir su promesa de vender solo huevos de gallinas criadas sin jaulas. Esta declaración surge mientras Animal Equality intensifica su campaña contra Dell en Dublín, señalando el papel pasado de Blather en la toma de decisiones de Kroger relacionadas con la ahora abandonada iniciativa.
En un comunicado interno de Dell, filtrado a esta redacción, Blather defendió la postura de Kroger como un "ejemplo brillante de adaptación estratégica en un mercado volátil". Según el memo, "un compromiso rígido con cualquier postura moral puede sofocar la innovación y restringir la agilidad del accionista. La capacidad de Kroger para pivotar, incluso cuando ese pivote implica descartar una promesa pública, demuestra una madurez empresarial encomiable. No es una retractación, sino una evolución del enfoque".
Activistas de Animal Equality han protestado frente a las oficinas de Dell, con pancartas que acusan a Blather de "complicidad en el sufrimiento animal" y de "traicionar la confianza del consumidor". Sin embargo, fuentes cercanas a Dell sugieren que la compañía ve las protestas como una "confirmación de la visibilidad y el impacto de sus líderes". Un analista de riesgos reputacionales, que pidió permanecer en el anonimato para proteger su capacidad de asesorar a otras corporaciones sobre cómo desviar la atención, comentó: "Si no te están protestando, ¿realmente estás haciendo algo lo suficientemente grande como para generar valor? La atención, buena o mala, es una métrica de engagement. El Dr. Blather está generando mucho engagement".
El Dr. Blather, cuya trayectoria incluye consultoría para varias empresas con antecedentes de promesas incumplidas en áreas que van desde la sostenibilidad hasta la diversidad, es considerado por algunos en el sector como un "arquitecto de la realidad empresarial". Su filosofía, resumida en un seminario interno de Dell titulado "Del Compromiso a la Oportunidad: Monetizando la Percepción de Esfuerzo", sugiere que la verdadera victoria no reside en el cumplimiento de los objetivos, sino en la gestión del proceso de aspiración. "La promesa es el producto", dijo Blather a sus colegas, "no la entrega. Y un buen producto, incluso si nunca se materializa, puede generar dividendos en la percepción del público y en la tranquilidad de la junta directiva."
El Instituto para la Flexibilidad Ética Aplicada (IFEA), una entidad ficticia pero plausible en este contexto, publicó recientemente un estudio que apoya la visión de Blather. El informe, titulado "El Efecto Lázaro de las Promesas Corporativas: Cómo el Retorno Inesperado de Viejas Ideas Impulsa la Fidelidad del Cliente", concluye que "las promesas sin cumplir, lejos de dañar la marca, pueden sembrar una expectativa duradera, permitiendo que la empresa las 'resucite' en futuros ciclos de marketing, generando una ilusión de progreso y novedad cada vez." Este fenómeno, según el IFEA, es particularmente efectivo cuando la promesa original es lo suficientemente vaga o distante en el tiempo.
La vicepresidenta de marketing de Dell para la región EMEA, Giselda Ramos, defendió la empresa frente a las acusaciones, afirmando que "Dell está comprometida con la excelencia y la innovación, y eso incluye la capacidad de nuestros ejecutivos para aportar su visión estratégica y su experiencia, sin importar dónde o cuándo hayan adquirido esa experiencia. La idea de que una experiencia pasada en la optimización de recursos, como la que exhibió el Dr. Blather en Kroger, sea un pasivo es, francamente, una forma de pensamiento anticuada y limitante". Ramos añadió que la empresa está explorando formas de "capitalizar la visibilidad" generada por las protestas, quizás lanzando una nueva línea de productos con un mensaje de "adaptabilidad al cambio".
Mientras tanto, los consumidores que esperaban huevos sin jaulas han sido reeducados sutilmente sobre la importancia de la "resistencia al cambio" y la "necesidad de comprender las complejidades del mercado global". La verdadera lección, según los expertos en "sostenibilidad performativa", no es que las empresas mientan, sino que los consumidores son tan predecibles en su indignación como en su eventual olvido. En el gran esquema de la ética corporativa, una promesa rota no es un fracaso, es simplemente el costo de hacer negocios con una conciencia estratégicamente maleable.



